El Hotel K
Hace un mes
recibí una llamada desde el Hotel K, quienes me ofrecían una entrevista de
trabajo. Unos meses antes, luego de haber salido de otra entrevista de trabajo
en una escuela, tomé la decisión de no
dar clases ni de lengua, ni de literatura, pues lo que se me ofrecía era tan
nimio e insultante que preferí no tomarme la molestia de hacerlo por lo menos
mientras pasa la terrible crisis económica por la que vive Venezuela. Por cosas
como esa fue que llegué a llevar mi currículo al Hotel K, mi primo E. trabaja
ahí y me había contado que el Hotel estaba escaso de personal y estaban
buscando candidatos para trabajar, pues como sucede desde hace unos años, los
venezolanos cada vez más se arriesgan a emigrar huyendo de este conflicto
político que ha hecho que cada vez se vaya del país lo mejor que tenemos para
otros países vecinos: Médicos, Ingenieros, Educadores, etcétera, cada uno en
busca de un futuro mejor, cada uno saliendo de un conflicto político en la que
los dos polos políticos están jugando al todo o nada siguiendo las directrices
de las potencias extranjeras que nos tienen a la vista gracias a los recursos
estratégicos que tenemos en el país mina en que vivimos.
Mi realidad inmediata
como la de la mayoría de la gente que vive en Venezuela es realmente dura y
esta realidad ha empeorado luego de las sanciones impuestas al país por un tipo con peluca quien preside el país
con más bases militares alrededor del mundo y que actualmente libra una guerra
mundial con sus rivales más fuertes dentro de la economía mundial que cada vez
más amenazan con desbancar al todopoderoso dólar que cada vez es más débil
frente a monedas como el yuan y el rublo
que han vuelto a utilizar el patrón oro para hacerle frente a una moneda
mundial que no tiene más respaldo que sus poderosísimas armas con las que
amenazan al mundo entero.
Voy de lo
particular a lo general, pero vuelvo a lo particular, en mi casa cada vez hace
falta el dinero y la verdad me alegré mucho al escuchar la llamada de una mujer
en representación del Hotel K ofreciéndome una entrevista de trabajo, E. me
había dicho que pagaban bien entre lo que se puede conseguir y una entrada de dinero no le vendría mal a
mi realidad inmediata al menos para colaborar en mi casa para comer, pues lo
más terrible de nuestra crisis es que el precio de los alimentos está por las
nubes y la paga del trabajador promedio no alcanza para alimentarse
decentemente. En la llamada que me
hicieron me citaron al otro día a las dos de la tarde para la entrevista, y fui
sin demora, luego de una larga caminata con este cálido sol que me ha hecho
renombrar a mi ciudad «La tierra del sol
odiada» en contraposición a como la llaman «La tierra del sol amada» como la
llamaron excelsos poetas de la ciudad como Rafael María Baralt y Udón Pérez. En
cuanto llegué al Hotel, como decimos en Maracaibo, todo «incendiao», recibí la
primera muestra de consideración del vigilante de turno del Hotel que me hizo
pasar a la garita, que tenía aíre acondicionado, me dio un poco de agua y me
hizo esperar antes de llamar a
administración, diciéndome que hacía todo eso en mi consideración porque sabía
como buen maracucho lo que era estar todo «incendiao». Luego de refrescarme llamó
a administración y me fui a entrevistar con una muchacha de recursos humanos
que me hizo contestar unas preguntas que tenía en un cuestionario lo cual tardé en contestar como media hora para luego
conversar someramente con una psicóloga, que como me he dado cuenta en los
últimos años en que he ido a varias entrevistas de trabajo, las psicólogas me
miran de una manera particular como queriendo ahondar dentro de mí, como
queriendo descubrir algo que yo generalmente oculto con mi parco y taciturno
modo de ser. Me preguntó que me parecía trabajar en un hotel a lo cual respondí con un sonrisa que me
parecería interesante conocer como funciona un Hotel por dentro, me preguntó también cuanto
esperaba que me pagaran, pregunta a lo que no quería contestar pero me insistió y le
di una cifra en bolívares que en estos tiempos de hiperinflación la realidad económica hace
ver poco, me preguntó otras cosas que no recuerdo pero al final fue directa al
grano y me dijo que estaban ofreciendo dos cargos dentro de la empresa: la
primera en el área de vigilancia y la segunda en áreas públicas, yo estuve
dudando en escoger pues en la llamada que me hicieron al hacerme la pregunta de
que a qué cargo optaba, yo dije al que fuera, mostrando un poco mi
desesperación por encontrar un trabajo pero al fin entre los dos cargos que me
ofrecían con un poco de desconocimiento escogí el de áreas públicas. Luego de
esto la psicóloga me remitió inmediatamente al supervisor de áreas públicas
quien me llevó a la oficina de la coordinación y me habló de que se trataba el
trabajo. El supervisor me dijo que la coordinación de áreas públicas se encarga
del mantenimiento y limpieza de todas las áreas del Hotel, me dijo con una
sonrisa de buenas a primeras que el trabajo que me ofrecían era para limpiar.
Me habló luego de los beneficios que me ofrecía el hotel, los bonos que estaban
ofreciendo para sumar el sueldo mínimo que ofrecían, uno de esos bonos era por la hiperinflación en que vivimos
actualmente y el otro bono era el de excelencia según el desempeño en el trabajo.
Me dijo también que los horarios eran rotativos y tenía que ser flexible con
respecto a eso para trabajar dentro del Hotel. Yo a fin de cuentas, le dije
primeramente que no tenía experiencia para ese trabajo pues si era por limpiar
mi única experiencia era haber limpiado mi casa alguna vez pero que sin embargo tenía toda las ganas de
trabajar pues me hacía falta la entrada de dinero y que si me ofrecía para
trabajar mañana mismo yo estaría dispuesto hacerlo. El supervisor me dio el visto bueno y de una vez me llevó a
buscar el uniforme del hotel y quedé ir al otro día al primer día de trabajo de
8.00 am a 5:00 pm. Estos tiempos me han hecho ver la inutilidad práctica de mis
estudios para hacer dinero para sobrevivir dentro de Venezuela, soy Licenciado
en Letras, supongo que es un poco lo que le pasa a todo escritor o intelectual
en tiempos de crisis, en algún lado leí que para ser escritor hay que saber
pasar hambre, grandes escritores han
muerto en la miseria, creo que a eso se refiere lo dicho anteriormente. El
trabajo intelectual es un trabajo inútil, más en una sociedad tecnificada que
ha cosificado a la humanidad. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD el último de los Aureliano que es el que al
fin descifra los viejos papeles de Melquiades que cuenta la historia de su
estirpe, en esos momentos finales cuando de Macondo todos se van, y la cosa se
pone dura toma conciencia que su don de lenguas y toda su sabiduría
enciclopédica no le sirven de nada para
conseguir sobrevivir con Amaranta Úrsula.
Siempre me he considerado el inútil de la familia, soy un ocioso como siempre
me ha dicho mi madre desde hace tiempo, me he gastado más de la mitad de mi
vida leyendo libros, y en estos momentos es que he llegado a tomar conciencia
lo poco que me sirve lo que sé.
En fin volviendo a mi historia dentro del Hotel K comencé un jueves a trabajar, me dijeron que me iban a poner en varias zonas del hotel para adiestrarme en el trabajo, el primer día llegué tarde pero el supervisor se mostró flexible y no se hizo mala sangre, me dijo que él era flexible pero que el Coordinador al contrario era muy estricto y que no aceptaba ni las faltas ni las llegadas tarde. Yo como cosa que he aprendido de mis lecturas solo observaba y me fijaba de todo, hice el trabajo lo mejor que pude haciendo los menesteres cotidianos de un trabajo de aseador dentro de un hotel. Al otro día conversé con mi verdadero jefe, el Coordinador, un tipo alto, fuerte, con más de 20 años dentro del Hotel K, meticuloso, estricto, una de esas personas que se adiestran a un trabajo y por su manera de trabajar se convierten en un indispensable dentro de la estructura de cualquier trabajo. Él me explicó las cosas que debía y no debía hacer, me enseñó las distintas instancias dentro del Hotel y quien al fin era la figura que mantenía el Poder dentro del hotel, me dijo por ejemplo que si estaba dentro del Lobby nunca podía estar por la zona donde estaban sentados los clientes a menos que me lo mandaran, me dijo que en ese espacio siempre estaba Margarita K, la dueña que vive en el hotel, que siempre está pendiente de lo que sucede, que es de la «High Class», que no le gustan que se le acerque nadie a molestarla y que en un supuesto que me vieran en esa zona ella pondría una queja inmediatamente, pero que no se lo diría a él directamente, si no que se quejaría al Gerente General del Hotel K, este a la Gerencia de Asuntos del Hotel , esta gerencia al Ama de Llaves, y el Ama de llaves a él, y él a nosotros los infractores. Al explicarme este mecanismo me volví a sentir como me siento a veces: un Joseph K cualquiera dentro de una Novela de Kafka. En los días subsiguientes conocí primero a mis compañeros de trabajo directo dentro de la coordinación trabajando en las distintas zonas del Hotel, enseñándome en la primera semana las distintas tareas que me serían asignadas a lo largo de las cuatro semanas que estuve trabajando fuertemente en el Hotel, haciendo por el ejemplo el tour «bañístico», que consistía en lavar todos los baños de empleados del hotel que generalmente eran un asco, sobre todo un baño que llaman el 23 que más es lo que dura sucio que lo que dura limpio pues inmediatamente que se lo limpia en cuestión de minutos está sucio. Yo me consolaba pensando al hacer ese tour que muchos venezolanos están haciendo actualmente esto en otros países de la región. Otras de las tareas que me asignaron era el barrido por las afueras del Hotel, lo hacía a primera hora de la mañana, exactamente a las 6:00, empezaba barriendo las hojitas de los búcaros que están en el hotel que en un mes como el que trabajé caían muy fácilmente, recogía todas las bolsas que venían volando desde los alrededores, pues actualmente Maracaibo tiene dos problemas gravísimos, el transporte público y el recogimiento de la basura, yo barría consecuentemente los alrededores del hotel pero en las calles vecinas la basura abundaba, recogía cada chicote que encontraba pues Margarita K con su poder supremo decía a su gerente general, este a su gerente de asuntos del Hotel, este a su Ama de llaves, esta a su coordinador de áreas públicas, y el coordinador a nosotros que no queríamos recoger los chicotes que los huéspedes, trabajadores y cualquiera que paseara por ahí botara a discreción y a cualquier hora del día pues no les importaba nada, pues ellos al fin no limpiaban. Margarita K vigilaba, tomaba fotos, era meticulosa, a veces la veía mientras trabajaba en la limpieza con su pose de jefa. Viéndola recordé un refrán bastante cierto que dice que el ojo del amo engorda el ganado, ella era el ama que vigilaba su hacienda viendo que se alimentara bien su ganado. Yo que había llegado a formar parte de los cimientos de la pirámide del Hotel K, que había llegado a la coordinación más bajita de esa sociedad de clases que formaban las distintas coordinaciones, yo que trabajaba como burrito de carga desde la primera hora del día, yo que vendía mi fuerza de trabajo (¡al fin comprendí lo que explicaba Marx!), yo que llegué molido a mi casa cada uno de los días que trabajé allí, no podía más que tomar como un insulto que me reclamaran por unas hojitas que siempre caían a toda hora, o por unos chicotes que lanzaban a toda hora o unas bolsas que volaban a toda hora. No me quedaba otra cosa que reír por no llorar. En el Hotel como en todas partes siempre nos vigilaba el Gran Hermano, es decir, había cámaras en todos los lugares del hotel, se escuchaban historias como que Margarita K había pedido un agua caliente a un empleado del hotel y por tardarse tanto ella misma fue a cuarto de control a ver porque se había tardado tanto el empleado en llevar su pedido. Supongo que ese trabajador lo habrán amonestado pues así funcionan las cosas dentro del Hotel K. Mientras pasó la primera semana me preguntaba si seguiría la otra semana trabajando, y así por cuatro semanas a las que asistí puntualmente e hice mis trabajos sin ninguna queja, si algo me percaté de mi estancia dentro del hotel fue de la camaradería con todos los trabajadores del hotel, mesoneros, camareras, vigilantes, etcétera, cada uno de ellos en su mayoría solidarios en unos tiempos tan duros como los que vivimos, trabajadores que redoblan, en busca de más dinero que en estos tiempos es tan necesario, que casi viven en el hotel pues hasta en sus días libres trabajan en otras instancias del hotel. Yo que llegaba a primera hora de la mañana e iba a llevar mi almuerzo al calentador del comedor de empleados, veía los fines de semanas a esos mismos trabajadores, durmiendo en las sillas derrotados luego de servir a distintas fiestas y eventos fastuosos de los salones que alquila el Hotel K, fiestas que dejaban un reguero que quien escribe le tocaba limpiar. Pues en el Hotel K veía lo que se ve actualmente en el país, la gente que está pasando necesidades y que trabaja como burrito de carga y la gente que tiene dinero para echar al aíre haciendo fiestas, alquilando locales, habitaciones, que con lo que pagan al hotel, el hotel pagaría su nomina de empleados. Supongo que esa es la gente que se ríe cuando sube el dólar paralelo, o que sube los precios de su comercio de alimentos con los que se hacen millonarios con el hambre de la gente, o gente enchufada que en sus puestos de poder han logrado birlar mucho dinero y no tienen empacho en gastarlo y disfrutarlo. Desde los medios se ha promocionado a la gente que emigra como Héroes pero yo más bien luego de haber convivido con los trabajadores del Hotel K, pienso que los Héroes son ellos, que los Héroes son los que se quedan aquí y luchan por sortear estos embates que recibimos diariamente, es heroico salir en Maracaibo a las 5:00 am para llegar a un trabajo a las 6:00 am, en una ciudad que actualmente está en penumbras, que cada vez tiene un peor transporte y es cada vez más escaso e inexistente en una ciudad tan gigante. Vi con estos ojos que algún día se comerán los gusanos a muchos trabajadores llegando a las 5:10 am a esperar el primer bus de Bella Vista para llegar a sus trabajos. Vi también dentro del Hotel algo que ya había leído en la teoría pero no había visto tan claramente en la práctica y es que el ser humano vive dentro de estructuras de poder, el Hotel K se asemeja al Estado, está dividido en departamentos si había chicotes en el piso y los veía la dueña o los gerentes, el reclamo iban de instancia a instancia hasta llegar a mi jefe que me reclamaba directamente a mí, yo explicaba las razones que tenía para cualquier falla, pero mi jefe me decía que lo que pedía tenía que hacerlo a como de lugar. Mi supervisor también era implacable conmigo, siempre me mandaba a hacer tareas sin importarle que me estaba rompiéndome el lomo, ni que éramos muy pocas personas y por lo tanto nos llenábamos de trabajo para que no les molestaran sus jefes que estaban más arriba y que seguro que les decían lo mismo que me decía el coordinador que lo que pedían tenían que hacerlo a como dé lugar y además rápido. Una estructura en la que cada instancia oprime al otro, a veces, les veía la cara a mis jefes y los compadecía, ellos también recibían palo. Yo al fin decidí huir en busca de otra forma de subsistencia.