A Romer Urdaneta, Ana Torres y a Mambrú Teatro en su cuarentena
aniversario.
Mambrú y La Utopía
Soy un pesimista, siempre he sido
un pesimista, creo que nunca dejaré de ser un pesimista. Uno de mis escritores
favoritos, Ernesto Sábato, decía que los pesimistas son idealistas resentidos,
pues los pesimistas que siempre esperan lo peor acerca de lo que pasa en este insensato mundo, tienen esa posición pues alguna vez creyeron
en la idealidad del mundo, en la posibilidad de uno mucho mejor. Sábato decía
que los pesimistas no todo el tiempo son pesimistas pues algunas veces juegan
con la posibilidad de creer en el mundo porque el hombre es un ser que vive a
través de las esperanzas, y los pesimistas a pesar de las dificultades siempre
vuelven a creer en el mundo así sea para luego replegarse y volver a su
posición pesimista de siempre o, como me decía una amiga, a volver a estar con
las nubes negras en la cabeza siendo perseguidos por ellas en un día de sol. Una clase de pesimistas, a mi particular
parecer, son los utópicos, aquellas personas idealistas por naturaleza que
creen en la posibilidad de un mundo mejor, y es más, luchan incansablemente por
conseguirlo para al menos dar su grano de arena para esa gran lucha que es el
cambio de nuestras sociedades que están sujetas a un sistema de dominación que
reina sobre ellas desde hace siglos. Utopía es un término creado por Tomás Moro
en su libro “La Utopía” editado en el año 1516, donde un personaje inventado
por él, llamado Hytlodeo, narra sus experiencias luego que naufragara, en una
expedición que hacía junto Américo Vespucio y otros navegantes, y a causa de
eso llegara accidentalmente a la isla de Utopía. Utopía es una comunidad pacífica
que cree en la propiedad común de bienes en contraposición del sistema de
propiedad privada que ha reinado implacablemente en los días de Moro y
lo sigue haciendo hasta nuestros días,
las autoridades de la isla son elegidas mediante el voto popular y todas
las decisiones que se toman las hacen en consenso con toda la comunidad. La
isla de Utopía es una comunidad que vive en una completa armonía donde sus
habitantes colaboran todos para un bien para todos, trabajan en todos los oficios, y tienen suficiente
tiempo libre para entretenerse a través de las artes y otros menesteres a
favor de la comunidad. Según los entendidos el origen etimológico de la palabra
Utopía no fue definido por Tomás Moro, los académicos dicen que tiene dos
vertientes etimológicas la primera dice
que deriva del griego outopía, ou (no) topía (lugar) es decir lo que no está en
ningún lugar, y la otra vertiente dice que la palabra deriva del griego
eutopía, eu (buen) topía (lugar) es decir buen lugar, me inclino a pensar en
que la segunda vertiente del origen de la palabra Utopía es la acertada, pues
es la que nos asegura al menos la posibilidad de luchar por un mundo mejor.
Esta corta
introducción la hago intencionalmente pues a quienes va dedicado este texto es
a esa clase de personas que creen en la posibilidad de un mundo mejor, esos
utópicos que son tan necesarios en nuestras sociedades, sobre todo si hablamos
de cambiarlas pues éstas aplastan al ser
y lo convierten en un objeto, en solo un engranaje, como diría Sábato, de esta
gran maquinaria anónima. Uno de esos utópicos que he conocido recientemente es
Romer Urdaneta, lo conocí en el año 2009, por motivos laborales, cuando comencé
a trabajar en el Plan Revolucionario de Lectura como facilitador de los
talleres para la promoción de la lectura, que se impartían a los participantes
para que conformaran círculos de lecturas o escuadras de lecturas, como se
llamaban exactamente dentro del Plan. Éste
fue uno de los primeros planes interministeriales que se hicieron desde el
gobierno nacional donde participaban los ministerios de Educación, Educación
Superior, Comunas y Cultura.
Una de las
primeras cosas que me interesó del Plan, es que estaba inspirado en las
enseñanzas de dos grandes pensadores y educadores que han nacido en esta patria
grande latinoamericana: Simón Rodríguez y Paulo Freire, padres los dos de la
llamada Educación Popular, Simón Rodríguez primeramente como pensador
fundamental de nuestras sociedades americanas a las que vio fundarse, a las que
criticó duramente por copiar modelos europeos y dejar todo igual como estaba
antes de las guerras independentistas en beneficio de las clases privilegiadas,
sin darle prioridad a la formación de los nuevos ciudadanos de las nuevas
repúblicas, para eso proponía la educación popular, educación que proponía para
todos los habitantes de toda Nuestra América, para realizar la Utopía que había
descrito Moro en nuestras tierras americanas. Rodríguez decía una cosa
interesante acerca de la lectura y era que ésta se hace a través de los
sentidos, en general de todos los sentidos que tenemos le damos más
preponderancia al sentido de la vista, pero a través de los otros sentidos
podemos leer muchas cosas del gran libro de nuestra memoria, un olor, una
canción nos puede llevar a algún recuerdo escondido u olvidado por nuestro ser.
El otro
maestro, Paulo Freire fue un pedagogo brasileño del siglo XX que seguramente
leyó al adelantado venezolano Simón Rodríguez, teorizó a través de varios de
sus libros una educación liberadora, distinta de la educación castradora que
aun se encuentran en nuestras aulas de clases, escribió una conferencia que se
llama “la importancia del acto de leer” donde dice que una de las primeras
lecturas que hacemos es la lectura el mundo, lectura que es la manera de cómo
percibimos desde que somos niños todo nuestro entorno, lectura que no se remite
solamente a la palabra, si no a todos los sentidos, como ya anteriormente lo
había dicho Simón Rodríguez, pues la primera lectura que debemos hacer es la
lectura de nuestra realidad inmediata, y
a través de la lectura de la realidad leer la palabra para darnos las ideas
para poder transformar nuestra realidad. De estos necesarios utópicos estaba
inspirado ese, valga la redundancia, utópico plan de lectura que se gestó hace
ya cuatro años atrás.
Si algo debo
agradecerle al haber participado en ese plan de lectura, primeramente es
inclinarme a leer a Simón Rodríguez y Paulo Freire, y segundo el haber conocido
a ese otro gran maestro que es Romer Urdaneta.
Lo conocí en
una de esas reuniones que se hacían en el INCES, en alguna oficina que nos
prestaban para realizar una reunión semanal con cada uno de los representantes
en el estado Zulia de los ministerios que participaban dentro del plan de
lectura, para planificar los talleres en cada uno de los espacios que los representantes
de los ministerios acordaran dentro de las reuniones. Romer se sumaba al equipo
del Plan Revolucionario de Lectura que estaba compuesto por Sacha López y yo,
Darío Tello. Esas reuniones, llamadas Mesa técnica interministerial fueron muy
accidentadas, íbamos a reunirnos para planificar, pero siempre faltaba alguien
de los representantes del ministerio, las faltas de recursos materiales: hojas,
fotocopias, transporte, el problema de la repartición de los millones de libros
que se editaron para el plan, los apuros cotidianos de los responsables del
Plan Revolucionario de Lectura en Caracas. Hay que resaltar que este plan, era
un trabajo interministerial, cuyo saldo me dio a entender que poco se
colaboraba o ¿se colabora? Dentro de los
distintos ministerios que forman parte del Gobierno nacional. En esas reuniones
poco a poco me di cuenta de la creatividad e inventiva de Romer Urdaneta al
proponer formas de aplicar el plan revolucionario de lectura. En la duración de
la aplicación de este plan, hubo modificaciones que se hicieron desde Caracas,
y la capacidad de adaptarse, y no solo de adaptarse, si no de proponer nuevas
ideas que fuera posible adaptar en otras partes, las proporcionó Romer.
El
procedimiento para la aplicación del plan revolucionario de lectura era primero
dictar varios talleres pilotos para la promoción de la lectura con la intención de formar a los participantes
de estos talleres a ser promotores de lectura, éstos a su vez conformarían
escuadras de lecturas o círculos de lecturas, de 8 a 12 participantes, mediante
cuatro semanas aplicaría la metodología
que se recomendaba, donde se pasaba de la lectura del entorno o del mundo como
diría el maestro Paulo Freire, hasta leer diversos textos periodísticos,
literarios, históricos o políticos, etcétera. Luego de que terminara las cuatro
semanas debía haber formado a un promotor de lectura para que éste a su vez
conformara otra escuadra de lectura y se multiplicaran las escuadras de lectura
como el vino, los panes y los pescados que multiplicó Jesús para la muchedumbre
hambrienta en la historia del nuevo testamento. Suena candoroso cuando lo
escribo, sobre todo cuando uno sabe que un lector se hace con tiempo, sin
apuros, el aprendizaje de los saberes se tarda en cada quien el tiempo que sea
necesario, no todo el mundo aprende con rapidez, en otros se tarda más en comprender lo que se quiere
enseñar que nuestro caso es el valor importantísimo del acto de leer, en cosas
como éstas el plan revolucionario de lectura falló, por lo menos en su metodología.
Ya en 2010,
reformularon el plan a una formación de más tiempo, aquí Romer Urdaneta propuso
por su inventiva algo que llamó las Escuadras Maestras, donde nos reuníamos una
vez a la semana en la cinemateca del estado Zulia, con los promotores de
lectura que tuvieran escuadras de lectura, y nosotros seríamos los promotores
de esa escuadra maestra para que estos a su vez aplicaran lo aprendido en las
reuniones con la escuadra de lectura en
sus comunidades, trabajamos varios meses en esta tarea, en esas reuniones aplicaríamos
los distintos tópicos que el plan tenía dentro de sus propósitos: la lectura
del entorno, la lectura crítica de la prensa o la televisión, la
recontextualización de nuestra historia, la lectura de literatura venezolana y
latinoamericana, etcétera. Poco a poco fui conociendo a Romer, mientras trabajamos
dictando los talleres él me decía que yo era un freiriano, es decir, un
seguidor de Paulo Freire y él era un Rodrigueano, un seguidor de Simón
Rodríguez, de hecho Romer Urdaneta es un profundo conocedor de la obra de
Simón Rodríguez, yo para ese entonces no
lo había leído; conocía un poco más a Freire y por eso me atrevía hablar sobre
él en los talleres.
Trabajando con
Romer me fui involucrando en su hacer teatral con Mambrú Teatro, y fue casi sin
darme cuenta. Hubo un libro que fue editado y reeditado por el Gobierno
Nacional y fue entregado gratuitamente a
millones de personas en toda Venezuela, ese libro fue “Las más hermosas cartas
de amor de Manuela y Simón”, en este hermoso libro aparecen los Diarios de
Quito y Paita, diarios escritos por la prócer de la patria grande
Latinoamericana Manuela Sáenz, y una selección de Cartas entre Manuela y el
Libertador Simón Bolívar, a través de esas cartas comenzamos a hacer, y lo digo
en plural pues participé activamente en esos montajes con Mambrú teatro y el
Plan Revolucionario de Lectura, algo que llamó Romer: Voces de Amor y Lucha,
montaje teatral, que como en todo los montajes que he visto desde que trabajo
con Romer Urdaneta y Ana Torres, se involucran distintos géneros del arte.
Primeramente
hicimos una selección de textos de las cartas entre Manuela y Simón, en esto
participamos Sacha López, Romer Urdaneta y yo, habíamos leído las cartas, y en
ellas estas dos figuras históricas hablan más que del amor que se sentían uno
al otro, hablan de sus proyectos políticos, del amor que sentían por la lucha
por una patria libre, de los enfrentamientos que tenían con los distintos
enemigos que disputaban con Bolívar el poder, de las advertencias que le hacía
Manuela a Simón de sus enemigos políticos que al fin y al cabo derrotaron a
Bolívar y lo expulsaron de las patrias que libertó a sangre y fuego del imperio
español. Armábamos la caja de doble fondo
donde permanecían los maniquíes de Bolívar y Manuela Sáenz ocultos,
presentábamos la función y comenzábamos a leer en voz alta las cartas
seleccionadas con un fondo musical y luego mientras leíamos, aparecían los
maniquíes de Bolívar y de Manuela cada uno haciendo los gestos que en las
cartas de Manuela a Simón y de Simón a Manuela producían mientras contaban sus
vicisitudes a través de las palabras, luego los maniquíes bailaban y aparecía
esa magia que el teatro produce en el espectador, pues entre carta y carta
había un tiempo para que el maniquí de Bolívar o de Manuela expresara sus
emociones con los gestos. Luego los maniquíes entraban otra vez a la caja de
doble fondo y pedíamos al público
presente que participara y leyera una
carta del libro Las más hermosas Cartas
de Amor entre Manuela y Simón, incluso poniendo a cada lector o lectora el
traje de Bolívar o de Manuela para hacer también del espectador-lector, partícipe
de todo el montaje que hacíamos.
Este era un
trabajo que hacíamos como parte del plan revolucionario de lectura que me
pareció ingenioso e importante para el trabajo de promoción que implicaba el Plan.
En todos los montajes de Mambrú Teatro se ve eso, la fusión de disciplinas que
se ven, lamentablemente, por separado. En este montaje de voces de amor y lucha
se toma un tema histórico, se utiliza la lectura en voz alta, en este caso
leyendo las cartas de Manuela y Simón, mezclando todo esto con la magia del
teatro. Así comenzó mi incursión con Mambrú teatro, y fue así, sin darme
cuenta, conversando con Romer, viendo nuestros puntos de vistas en común, su
preocupación por la Historia, la fusión que hace en sus montajes donde conviven
armónicamente Teatro, Circo, Historia, Literatura y Poesía, su concepción del
teatro tan alejada del teatro tradicional.
Romer cree en
un teatro en que el espectador se convierta en participe de sus obras, no cree
en ese teatro de salas donde un actor repite mecánicamente lo que alguien
escribe, si no en un teatro que se acerque al público, donde el actor exprese a
través de sus movimientos o gestos las impresiones que les pueda generar un
texto escrito, un poema, una carta. Romer cree como otros teóricos del teatro
que el actor es el teatro, el trabajo del actor va más allá de ser un mero
repetidor de textos, el actor es un creador en escena, esta afirmación que acabo
de hacer la he visto reflejada a través de la experiencia que he vivido como
colaborador, actor o lector en sus obras, no hay mejor ejemplo para esta afirmación que
el trabajo de Romer Urdaneta, pues es un
artista que a través de la improvisación en escena puede llegar a hacer
cosas maravillosas. Laurencio Zambrano en un homenaje que se hizo recientemente
por los cuarenta años de Mambrú teatro decía que Romer a través de la improvisación
mejoraba las obras en las que
participaba. La improvisación, que es tomada en nuestro castellano como algo
despectivo, para Romer era mejorar, como significa improvisar[i]
en ingles.
Ya para mediados de 2011, las
Nulidades Engreídas como diría Manuel Vicente Romero García, los Dientes Rotos,
como diría Pedro Emilio Coll, o los Dotoles Nigüines, como los llamaba Rafael
Guinand, se encargaron de dar por fracasado el Plan Revolucionario de Lectura,
quizás por la determinante que le dan a lo cuantitativo a la hora de evaluar
las políticas públicas, o algo que me parece sumamente grave, a no dar
continuidad a las políticas culturales por
los cambios de las autoridades dentro del ministerio de la Cultura,
como sucedió para ese tiempo. Fuimos a
ocupar distintos roles en el trabajo pero esto no impidió que siguiéramos trabajando
en Mambrú Teatro. Hay algo que siempre le digo a Romer, cuando participo en
algunas de sus obras, y es que soy actor y espectador de ellas, eso siempre me
pasa cuando presentamos algo que Romer llama “El Andante”. En esta obra un
profesor del pasado va a dictar una clase de historia de Venezuela se encuentra
con el profesor Nigüin, un profesor de la actualidad que va poniendo en
contexto al Profesor Chepito, que es un profesor de la vieja escuela que va
dictando una clase de historia, contada con las imprecisiones y
tergiversaciones con las que nos han contado nuestra historia. A través de las
discusiones entre los profesores, los espectadores del público van participando
dentro de la obra como protagonistas, pues cada época histórica tiene unos
participantes, quienes se disfrazan y se suman a la obra. Desde la conversación
se estudia la conquista de América, y la lucha por la independencia de nuestros
países del Imperio español, siempre dando importancia a figuras históricas como
Bolívar, Miranda, Manuela Sáenz, etcétera.
En funciones hemos llegado hasta
el siglo XX, dándole homenaje a figuras
nuestroamericanas como el Che Guevara. Mientras estamos en este juego salen las
telas con los tres colores de nuestra bandera, y hacemos que unos
espectadores-niños tomen los tres colores de la bandera, otros niños toman las
estrellas y se forma todo un collage vivo que es sumar al público en el
escenario convirtiéndolos en la bandera nacional, y con la llegada de Bolívar
en zancos para se da fin a la obra de teatro. Mientras sucede la discusión
entre los profesores, se utilizan textos históricos, poéticos y literarios que
enriquecen toda la propuesta histórica teatral que propone Mambrú Teatro. Toda
esta descripción que hago de la obra siempre es modificable con cada público
que tenemos, con los problemas cotidianos que les suceden a todos en este
quehacer teatral. Toda persona que alguna vez haya hecho teatro comprenderá muy
bien esto, pues el hacer teatral es una constante modificación, o al menos eso
es lo que pienso en mi corta experiencia, todo público siempre es distinto,
algunos responden muy bien otros no tan bien, pero todo esto es parte del teatro.
Una de las magias de la
experiencia teatral es un trabajo colectivo que se lleva a su fin entre todos, y eso es una de las enseñanzas que me ha dejado
el tiempo que he sido parte de Mambrú Teatro, de hacer un trabajo artístico en
colectivo, cada quien aportando lo que tiene para hacer en conjunto todo un
trabajo que signifique, y pienso que las
obras de las que soy parte, o en las que colaboro, de alguna u otra forma
tienen una importancia, un valor, algo que significa para la gente, pues el
teatro para ser teatro debe decir algo al que lo observa, el teatro, como en el
escritor que escribe un cuento o una novela, debe tener algo que decir, en el
caso de Mambrú Teatro ha dicho y aún dice mucho. Existe una serie de obras a
las que Romer llama “Maestra Patria”, en las que se hace un homenaje a las
figuras históricas más importantes para nuestros países como Francisco de
Miranda, Rafael Urdaneta, Manuela Sáenz, etcétera. Una de las obras de Maestra
Patria en las que yo participo es sobre uno de los utópicos de los que ya hemos
mencionado en este texto, el Maestro Simón Rodríguez.
Romer siempre me utiliza en las
obras en las que participo con él, fundamentalmente como lector, pues una de
las cosas que más practico es la lectura en voz alta, Romer, siempre
investigador exhaustivo de la historia, ha armado un guión donde habla acerca
de esta interesante figura histórica tan desconocida de nuestra historia, pues
lamentablemente como lo decía en otro texto que escribí, de Simón Rodríguez
solo sabemos que fue el Maestro de Simón Bolívar y más bien después de leer parte de su obra
escrita creo que deberíamos decir que Bolívar fue alumno de ese Gran Maestro
que fue Simón Rodríguez. Su legado escrito con respecto a la enseñanza, nos ha
sido ocultado a través del tiempo, pues mucho de lo que criticaba en la
educación de ese tiempo aún persiste en nuestra educación, educación que fue
hecha a espaldas de las ideas de este gran pensador latinoamericano. Romer con
sus obras rescata a esas figuras importantes de nuestra historia, historia que
lamentablemente nuestro pueblo venezolano no conoce, no conocemos la
importancia de una figura de nuestra historia como Rodríguez. En la obra de
Maestra Patria, a través de fragmentos de lo escrito por el Maestro Simón
Rodríguez, Romer monta una pequeña obra de teatro interesantísima, que toca
algunos datos biográficos de ese pensador con muchas de las preocupaciones que
tuvo, como fue la formación de ciudadanos en estas nuevas repúblicas. Obra que
he realizado con él varias veces, sobre todo en lugares que no son los lugares
comunes, los que alguien podría pensar comúnmente que es donde se debe
presentar una obra de teatro, es decir en un anfiteatro, Teatro o una sala de
espectáculos, etcétera. Una de las primeras veces en las que participé en esta
obra lo hice en el edificio de la Zona Educativa de Maracaibo, en cada una de
las oficinas de ese edificio, personificado como Simón Rodríguez, leyendo el guión que me había
dado Romer y haciendo también las veces de estatua, mientras jugábamos con esos
empleados oficinescos que están absortos en el tedio, algunos cumpliendo
horarios, otros en el trabajo consuetudinario de todos los días, jugando con
ellos a través de la improvisación de Romer y también la improvisación mía
tratando de que salga bien la obra, aunque muchas veces no me salga bien a mí.
La verdad me he divertido mucho
con el trabajo que he hecho con Mambrú teatro, pues he hecho cosas que jamás en
mi vida había pensado que haría, como hacer teatro, como personificar una
figura histórica, o ponerme una de esas máscaras y ser un poeta que camina en
pleno carnaval en Santa Lucía. He participado con Mambrú Teatro pues creo en el
trabajo que se hace, creo que es importante realzar nuestra historia que es tan
olvidada y vilipendiada por nuestro pueblo, creo en el trabajo creador que hace
Romer Urdaneta en las maravillas que se inventa, creo en el trabajo colectivo
que hacemos en Mambrú Teatro, Ana Torres
que es toda una madre, que está pendiente de todo el vestuario, de los zancos,
de los instrumentos que se utilizan, por la pasión con la que actúa en cada
papel que desempeña, creo en Rudy Urdaneta, quien hace los vestuarios de Mambrú,
y las galleticas que nos ofrece mientras participamos en los montajes que se
realizan, creo en su humor corrosivo.
Creo en Jesús Sulbarán, alias el Hechú, quien me hace reír con sus chistes de
payaso, a quien admiro en sus actuaciones como la de Hestor Nudo, o que me
impresiona en las cosas que hace desde su monociclo, creo en Juyá Urdaneta, en
sus zancos y vestido de Bolívar haciendo los cierres del Andante, creo en los
Hermanos Riflitos y el circo que practican, y su suma a las actividades de
Mambrú Teatro, y a tantos otros que no nombro, pues Mambrú Teatro ha sido en
estos cuarenta años una escuela, Romer Urdaneta es nuestro líder ,sin duda
alguna, pero Mambrú es toda una suma de personas que logran un fin que es más
que entretener, es enseñar, crear nuevas realidades, luchar por las utopías
posibles.
Una vez le pregunté a Romer el
porqué del nombre, por qué Mambrú, y el me dijo, que la había puesto así por el
valor de Mambrú de ir a la guerra, como diría aquella canción tradicional. Pienso
que Mambrú ha permanecido cuarenta años
y espero que muchos más, en la guerra, guerra en la que participa Mambrú
por la Utopías posibles, por el cambio de nuestras sociedades a pesar de los
contrincantes cotidianos, pues siempre se debe luchar, por lo que queremos y
creemos. A pesar de que sea un pesimista, creo que sólo es posible vivir si
luchamos por la Utopía, como lucha diariamente mi amigo Mambrú.
[i] Improvement (To improve): A
thing that makes something better or is better than something else. (Una
cosa que hace algo mayor o es mayor que algo más.)
Darío Tello Medina

Estimado amigo Dario, de mambrú se ha dicho hasta lo inimaginable, y se ha escrito un poco menos, esta tru apreciación está lllena de tu mirada testimonial y amorosa, quizá he tardado en decirtelo por escrito pero hoy que me encuentro buscandome en mambrú ante tantos buenos y hasta malos pasos, que han andado tantos regimientos que hasn pasado por esto, esta tu escritura es mas que una evidencia, una confesión narrada para el siempre jamás donde un día se perdió Mambrú.
ResponderBorrargracias Dario por tu apreciación tan afectiva.