miércoles, 24 de mayo de 2017

Orlando Araujo y Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente





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Orlando Araujo y Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente

Orlando Araujo al inicio de uno de los cuentos que forman parte de Los viajes de Miguel  Vicente Patacaliente  dice “Un  poeta es un niño grande que descubre el mundo…”  y Orlando era ante todo un poeta así no haya escrito un verso. Una gran parte de su obra literaria se la dedicó a los seres que más quería: los niños. Escribió “Los Viajes de Miguel Vicente Patacaliente” (1971) “El niño que llegó hasta el sol” (1979), “Cartas a Sebastián para que no me olvide” (1988) y “El niño y el Caballo” (1993). El descubrirlo para mí fue una soberana alegría,  me lo presentó una amiga a la que aprecio mucho pues he aprendido mucho de ella, fue leyendo Cartas a Sebastián para que no me olvide, al leerlo me quedé prendado de ese hermoso libro, que mi amigo Orlando le dedicó a sus nietos, en especial a Sebastián, cuyo nombre se antepone en el titulo del libro, ese es un libro de enseñanzas para la vida que Orlando escribe con una hermosa prosa poética tratando de explicar el mundo que nos rodea, explicando qué es un amigo, o porque el caballo de Bolívar sigue cabalgando todavía, o cómo termina un libro, etcétera. El leer para mí ese libro me llevó a lo que siempre hago cuando me gusta un escritor, y es buscar y leer toda su obra, siendo un autor venezolano me costó algo encontrar sus libros, leí  Compañero de Viaje (1970), me encontré con un libro político que es tan actual que deberían reeditarlo y regalarlo llamado Venezuela Violenta (1968) que explica tres temas fundamentales de la historia venezolana: La tierra, el petróleo y la falsa industralización. Pero el libro que más me costó conseguir fueron Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente, estuve insistiendo a mi hermana que vivía en Caracas que me lo consiguiera pero era un libro que aún no se había reeditado, pasaron si mal no recuerdo dos o tres años para encontrarme con ese libro, lo conseguí prestado y me di cuenta que Orlando Araujo era de esos autores de los que hay que hacerse amigos, y leerlos siempre, soy egresado de la escuela de Letras de La Universidad del Zulia, y confieso que durante mi estadía ahí ignoré a muchos autores Venezolanos, entre ellos a Orlando, somos muy poco conocedores de nuestros autores, debemos revisarlos, conocerlos, estudiarlos para conocernos como país, para preguntarnos a qué es lo que llamamos venezolanidad. Hoy con alegría veo reeditado  en   Monte Ávila editores Los Viajes de Miguel Vicente Patacaliente, fresquito, lo acabaron de imprimir en diciembre de 2012, y está  a un módico precio de 5 bolívares, mi hermana me trajo unos pocos de la última FILVEN hecha este año en Caracas. Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente  cuenta la historia de un humilde limpiabotas de la Caracas de los setenta que ayuda con su trabajo a su madre que vive en una absoluta pobreza. Miguel Vicente Patacaliente es un niño alegre y hablador, que mientras trabaja limpiando botas siempre cuenta sus cosas a cada cliente, y el sueña  con viajar, con conocer otros paisajes, lejos de los embrollos de Caracas, entre los distintos clientes que conoce uno de ellos le regala un libro de los viajes de Marco Polo, pues ya que tanto le gustaban los viajes, Patacaliente no sabe leer y así se lo dice al cliente esperando una de esas cantaletas que los mayores se encargaban de decirles, que si tenía que aprender a leer, que si estaba perdiendo el tiempo, pero ese cliente solo le dijo cuando aprendas lo leerás, y se fue así no más. Luego la mamá de Miguel Vicente se enferma  y a causa de eso el hermano mayor que es camionero y se la pasa viajando por toda Venezuela se lo lleva consigo y comienza su sueño de irse de viaje. Orlando Araujo en este libro explica uno de los temas universales de la literatura: el Viaje, tanto el físico, pues Miguel Vicente viaja por toda Venezuela, está en Los Andes, el llano y hasta viaja desde el centro de la tierra subido en el dinosaurio azul hasta el lago de Maracaibo donde conversa con el señor petróleo, y el otro viaje que también hace Patacaliente  es el de la alfabetización, el de aprender a unir todas esas figuritas que juntas se convierten en las palabras que emitimos al hablar. Una de las características de la literatura es que dentro de ella pueden vivir distintas disciplinas del saber, a través de un cuento o una novela por ejemplo se puede hablar de historia, a través de los sucesos que puedan pasar en esa novela  también puede hablarse de ética, o incluso cuando un autor describe un paisaje podemos discutir de geografía. A través de  Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente se puede explicar nuestra geografía abriendo un mapa y señalando todo el recorrido que hace nuestro protagonista y que describe magistralmente Orlando Araujo, también se puede explicar nuestra historia, en parte del libro  explica la conquista de América, mientras narra su llegada al Orinoco, tampoco  es casual que el último capitulo del libro llamado El dinosaurio azul, Miguel Vicente viaje hacia al lago de Maracaibo a conversar con el Señor Petróleo, y no solamente eso, pues este libro como el Cartas a Sebastián para que no me olvide, es un libro de enseñanzas, y escrito con una prosa poética tan bella que dan ganas de llorar, yo apenas les he contado algo que solo es la punta del “iceberg”, Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente, como libro tiene una crítica escrita sutilmente a la Venezuela de ese entonces. Y Orlando Araujo logra escribir para mí uno de los mejores libros para niños (de todas las edades, es decir, para todos así ya no seamos unos niños) de toda nuestra literatura Venezolana y Latinoamericana. En Cuba a todo niño estudiante le entregan La Edad de Oro de José Martí, todo niño lee y disfruta ese hermoso libro de ese autor nuestroamericano, en Venezuela deberíamos  copiarles y regalarles a todo niño venezolano Los viajes de Miguel Vicente Patacaliente, para que todo niño disfrute de todas esas historias que lo acercarán a su país, que lean un texto que realmente le signifique para su formación y qué mejor que leer a Orlando Araujo que es un amigo que parte de lo que escribió principalmente fue para los niños pues ellos son el futuro de nuestra querida Patria o Matria,  llamada: Venezuela.

Darío Tello Medina

La poesía ayuda



La poesía ayuda


Vivimos en mundo lleno de necesitados, un mundo que podemos llamar Europa, América, Asia, África, un mundo que podemos llamar Venezuela, Argentina, Alemania, Brasil, China, Sudáfrica, un mundo que podemos llamar Maracaibo, Buenos Aíres, Sao Paulo, Berlín,  Pekín, Ciudad del Cabo, etcétera. Ya para 2011 se contabiliza alrededor de 7000 mil millones de seres humanos en este pequeño planeta que da vuelta a la única estrella realmente viviente llamada SOL. Las otras estrellas que se ven en la noche como dijera un personaje de la novela 2666 de Roberto Bolaño, son solo recuerdos de estrellas ya muertas, estrellas que ya no dan luz, pero a causa de su último estallido aún las vemos pues están a millones de años luz de distancia. Escribo esta reflexión pues las personas en su multiplicidad, entre sus variantes, siempre están buscando ayuda para sus problemas cotidianos , problemas que tienen que ver con el oficio de vivir, pues la vida en sí es un oficio, un trabajo, si vives  tienes que trabajar para lo que quieres tener, y no me refiero solamente al trabajo para obtener el dinero que en este sistema de vida para la mayoría es lo más importante, si no todas las complicaciones que pueden surgir para conseguir una pareja estable, un trabajo que además de proporcionarte dinero te proporcione felicidad al hacerlo, que las relaciones entre los seres que viven a tu alrededor  sean lo más armoniosas dentro de sus posibilidades, darle felicidad en tus decisiones a la gente que te aprecia, en especial a la familia que siempre espera algo de ti, sentirte contento con las decisiones que tomas a lo largo de esto que llamamos: vida. Si uno se pone a pensar en todo lo que es la vida te das cuenta que la cosa es harto complicada, si te pones a preguntarte acerca del por qué de las cosas que suceden  en esto que llamamos mundo te empiezas a dar cuenta que la vida en sí es bastante compleja, que existen injusticias diarias, que el individualismo que cunde en nuestras sociedades es lo que poco a poco ha llevado  y llevará a este planeta a la catástrofe anteriormente anunciada  a través de las religiones; que la apatía de la gente que no mira más allá de su ombligo causa bastante indignación para los utópicos que creen en la posibilidad de transformar el mundo desde sus cimientos.
La poesía existe desde que existe la humanidad, desde que el hombre comenzó a hablar de las cosas cotidianas de su vida, desde que empezó a darse cuenta de la importancia de las palabras no solamente para comunicarse con sus iguales, sino para comunicarse con los dioses, o sencillamente para el simple juego que hacemos con ellas, me refiero a las simples pero complejas palabras. No es casual que los libros sagrados de nuestra humanidad estén llenos de poesía: desde la Biblia con su antiguo y nuevo testamento para los cristianos, el Corán para los musulmanes, el Bhagavad Gita para los hindúes, la Torá para los judíos, etcétera. Todos en su totalidad son libros complejos y sobre todo llenos de poesía, libros que en su complejidad tienen diversas interpretaciones. Por eso las distintas facciones religiosas leyendo los distintos libros sagrados, no hay solamente una clase de cristiano, existen católicos, cristianos protestantes, entre los cristianos protestantes existen más divisiones, los testigos de Jehová, los mormones, etcétera. Todos leen un mismo libro: La Biblia. Así también pasa con los musulmanes, unos son chiitas y otros son suniitas, y todos leen el Corán. Con los judíos también es similar, sus libros sagrados son la Torá, Tanaj y el Talmud y existen distintas divisiones dentro de ellos mismos. Todos estos libros son libros de enseñanza, de historias, y están llenos de poesía. No soy un tipo muy religioso pero comprendo muy bien el poder que tienen las palabras para la humanidad. En el evangelio según San Juan del nuevo testamento en el primer capitulo, versículos 1, 2, 3 y 4  dice: “Al principio existía la palabra y la palabra estaba junto a Dios y la palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios, Todas las cosas fueron hechas por medio de la palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.”  Me sonrío al citar un texto sagrado, pero la verdad estoy de acuerdo que a través de la palabra se hizo  todo lo que existe en el mundo los hombres al nombrar un objeto le dieron vida o se lo imaginaron lo hicieron y le dieron nombre y a su vez vida, también estoy de acuerdo con  la afirmación de que en las palabras está la vida y es la luz de los hombres porque las palabras son productos de nuestros anhelos y deseos que son los que le dan valor a nuestro diario vivir. Los textos sagrados se fundamentan en la poesía pues es un lenguaje bello y profundo, para leer poesía es necesario tener tiempo para reflexionarlo y sopesarlo en tus adentros, la poesía no puede ser simple, pues simple no es la vida, a veces encontramos a poetas como Giuseppe Ungaretti que escribe poemas relativamente cortos, entendibles pero de una profundidad que te deja pasmado, un poema que te impresiona pero que tienes sopesarlo por días enteros, quizás semanas, o meses o años, para tratar de entenderlo en su profundidad, les doy un ejemplo:

Vigilia


Una entera velada

Tendido al costado

De un compañero

Masacrado

Con su boca

Desencajada

Vuelta al plenilunio

Con la congestión

de sus manos

penetrada

en mi silencio

he escrito

cartas llenas de amor

No me he  sentido nunca

Tan

Aferrado a la vida.


(La alegría, 1919)


Este es un poema que describe lo vivido por un soldado en una guerra, suponiendo por la fecha de publicación (1919), podemos suponer que fue la primera guerra mundial, si buscamos la biografía del autor averiguaremos que fue soldado, un soldado-poeta, que ve lo más horrible que una persona puede sufrir, ver una carnicería frente a tus ojos, imagínense, es a principios de siglo XX en una guerra que fue llamada: La Gran Guerra, murieron más de 20 millones de personas, el poeta cuenta con su poesía un momento terrible que vivió en el frente como soldado, su compañero de tropa masacrado a su lado con la boca desencajada, él escondiéndose para salvar su vida,  el poeta en medio de tanto horror tiene esperanzas de salir de toda esa guerra, y  lo hace escribiendo cartas llenas de amor, porque la verdad y eso lo saben los poetas sólo el amor salva, en medio de tanto horror que quiere decir muerte el poeta se aferra al amor que quiere decir vida.
Soy lector desde hace ya tiempo, cuando niño me encantaba leer cuentos, leí muchos cuentos para niños en la biblioteca de mi abuela, también me paseé por las enciclopedias donde leí cosas interesantísimas para mi imaginación de lector, luego me convertí en un lector de novelas y de cuentos. No era un lector de poesía, es más, tenía un prejuicio con la poesía heredada por los profesores que tuve de castellano y literatura, en bachillerato mi profesora de literatura lo que nos ponía a hacer con la poesía era contar sílabas para reconocer que tipo de versos eran y no para analizar lo que quería decir el poeta  con lo que había escrito, eso me hizo tener una predisposición hacia a  la poesía. No la leía, las formas, los versos y las rimas, me impedían comprenderla o al menos eso creía, también influyó en mi la percepción de la gente que no sabe de poesía que cree que la poesía solo se limita a las rimas, y que si hacen una composición que tenga eso, ya de por sí tienen un poema, un ejemplo de eso son esos escritos con rimas que aparecen en las tarjetas de regalo. La poesía solo es posible si es sublime, es un pensamiento que tiene que ver con el ser humano, acerca de los temas que lo obsesionan desde su cotidianidad, y como lo decía varias líneas arriba, el entendimiento de la poesía es algo que lleva tiempo: días, meses, años. Recuerdo que cuando poco tiempo faltaba para estudiar Letras en la universidad, tendría como diecisiete años, llegó a mis manos una antología de poemas de amor hispanoamericanos,  editado por ediciones Nuevo Mundo la selección la hacía José Bonilla Amado, de ahí leí a varios autores que desconocía como Vicente Huidobro, aparece en su selección la segunda parte de su poemario Altazor, que para mí es una de las mejores poesía que he leído, pero no voy a hablar de ese poema, voy a hablar de mi poema favorito, quizás lo leí a él, porque era mi tocayo, porque había escuchado de él, quizás lo había leído en el libro de literatura del bachillerato, pero lo cierto es que lo leí, leí a Rubén Darío, todos los poemas que salían en esa selección pero específicamente: Canción de otoño en primavera, poema que he pensado, repensado y cada vez mientras pasa el tiempo lo entiendo mejor:


 Canción de Otoño en Primavera

¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer….

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salome….

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver….!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer….

La otra fue más sensitiva
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía….

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebe….
y lo mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe….

¡Juventud, divino tesoro,
te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer….

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón

poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también….

¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer….

¡Y las demás! en tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Más a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin:
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín….

Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver….
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer….

¡Más es mía el Alba de oro!

¿Qué decir de mi poema favorito? Jamás pensé en escribir algo sobre él, pero es un poema que he reflexionado mucho, y como los poemas que me gustan me los sé de memoria, es un poema que habla acerca de la búsqueda del amor, sobre todo de aquellos que creen que el amor de pareja es una búsqueda constante e incesante, y que se debe buscar sin descanso así no  encontremos ese amor. En el poema el poeta describe tres de sus muchos amores, el primero es un amor de juventud, lleno de plenitud y de esperanzas como todos los ensueños primeros, uno se enamora y lo ve todo   de una manera ideal,  les das valores a ese ser amado que superan lo que realmente es ese ser, primero el poeta le da el valor de cesar los dolores “en este mundo de duelo y aflicción” y luego describe su cabellera “oscura hecha de noche y de dolor”  sabiendo que ese ensueño al dejar de serlo, al desencantarse ese amor llena al poeta de dolor al saber su pérdida. El segundo amor que describe es un amor de adolescencia, un amor en que lo tierno y lo ideal se mezclan con lo carnal, pero es un amor que se basa en lo pasional por lo que es corto y doloroso, “en sus brazos tomó mi ensueño/ y lo arrulló como un bebé/ y lo mató triste y pequeño/ falto de luz, falto de fe.”  El poeta culpa su fin a la falta de conocimiento a la falta de la fe que debe existir para conservar el amor. El tercer amor es de excesos más carnal y pasional que el anterior, un amor que pone en lo carnal “mientras eran abrazo y beso/ síntesis de la eternidad” A veces nos pasa eso mismo, enamorarnos de la carne ligera, basar un amor en lo que pasa en un cuarto de hotel “sin pensar que la primavera y la carne acaban también”. La carne como lo decían los grandes poetas franceses del siglo XIX  (Rimbaud, Baudelaire, Mallarme) es sumamente triste por lo perecedera, porque tiene un fin previsto y aunque nos enamoremos de un cuerpo siempre perecerá ante lo sublime que es el loco sentimiento amoroso.
 Ahora pasamos a mi parte favorita, Darío  cuenta que todos los amores que buscó solo son pretextos  de sus versos, recuerdos que son parte de su memoria y que los hace poesía, afirma que “La vida es dura, amarga y pesa/  ya no hay princesa a quien cantar”  Pero a pesar de que el tiempo pase, y no se detenga, aún así el poeta va en busca de su amor insensatamente: “más a pesar del tiempo terco/ mi sed de amor no tiene fin/ con el cabello gris me acerco/ a los rosales del jardín”  Darío cierra con los versos que se repiten en cada estrofa: “Juventud divino tesoro/ ya te vas para no volver/ cuando quiero llorar no lloro/ y a veces lloro sin querer/ mas es mía el alba de oro”  El tiempo pasa, la juventud se pierde buscando a veces ese imposible amor como diría ese  otro gran poeta venezolano José Antonio Ramos Sucre, “mas es mía el alba de oro” o mas es mía mi loca-insensata pero bella esperanza.
 Hay algo que quiero decir de la poesía, trata como dije anteriormente de nuestras vivencias cotidianas, este poema de Darío habla de algo tan terrenal como el amor, algo que el poeta saca de su memoria de lo que ha vivido y lo hace poesía, pero el lector de ese poema lo lee desde lo que entiende, desde lo que ha vivido, por eso  que muchas veces es necesario tiempo para entender los poemas en su profundidad, por eso la poesía hay que leerla infinidad de veces y en distintos tiempos, yo no entendí de la misma manera este poema de Darío a los 17 años que ahora a los 31 años, a los 17 solo había conocido el primer amor que describe el poeta, a los 31 después de miles de lecturas, de recordarme a cada rato del poema y ya de haber conocido a los otros dos amores, lo comprendo de otra manera  que cuando lo empecé a leer. Esto que acabo de decir vale también para los que leen los textos sagrados que como dije anteriormente parte de ellos están llenos de poesía, llenos de enseñanzas, por eso las personas con diversos problemas que llegan a tocar fondo en ellos, toman la religión como salvación, toman una esperanza que estuvo perdida por los diversos motivos que tiene cada quien para descreer. La poesía entre su inmensa diversidad que existe desde hace muchos siglos, habla de forma sublime sobre temas profundos y reiterativos de nuestra condición humana, en los momentos de más descreimiento en el plano personal siempre me ha salvado lo dicho por algún poeta, mientras más vivo mejor entiendo el poema de Canción de Otoño en Primavera, los poetas por hablar de forma sublime sobre temas comunes en nuestra humanidad ayudan, nos ayudan desde sus voces que nos hacen rememorar en las vivencias de otro lo que vivimos en el pasado, en el presente o lo que viviremos en el futuro. Cuantas veces no me ha consolado varios poemas  de Jorge Luis Borges, cuando termino una relación o una locura en las que siempre me involucro, cuando me sucede, repito este fragmento del poema de Borges 1964:
“La dicha que me diste/ y me quitaste  debe ser borrada; / lo que era todo tiene que ser nada.”
Es cierto todo lo bueno en la vida tiene su fin, Jorge Luis Borges es un gran escritor y poeta argentino que se basa en lo que escribe sobre la metafísica, en los problemas del vivir diario y en buscar soluciones y consuelos para nuestros problemas, entre otros temas que toca en su vasta obra literaria.  Hay un poema que siempre recuerdo de él que se llama, Posesión del ayer, antes me lo sabía de memoria pues era uno de los textos que yo leía en la universidad cuando estaba en un grupo de lectura en voz alta, me encanta recordarlo pues tiene que ver con lo que siempre atesoramos en nuestro diario vivir que es la memoria de nuestras vidas, el poema dice lo siguiente:


Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas    
y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que    
he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos    
imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre    
ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir    
versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Sólo el    
que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos.   
Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe.   
Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema,   
con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que    
nos dejaron , ya no sujeto a la víspera, que es zozobra, y a    
las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos    
que los paraísos perdidos.    
 

La vida en sí, es compleja, varias culturas del pensamiento oriental la considera una ilusión, y la verdad tiene mucho de la ilusión la vida en que vivimos, Borges en ese poema habla de lo que único que nos queda de nuestro diario vivir; son los recuerdos de lo que vivimos y tuvimos en algún momento de nuestras vidas y que perdimos por diversos motivos, por eso dice que “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.”
Desde que me di cuenta de la ayuda que puede brindar la poesía para nuestro diario vivir he pensado en hacer selecciones de poemas de poetas en los diversos temas que pueden tocar y que serían de gran ayuda para los que la buscan, hay millones de personas que se la pasan buscando recetas para vivir en libros de autoayuda, libros que dan recetas para el vivir mejor según el que la escribe, pero no son gran cosa, ¿Cómo uno puede ayudarse a sí mismo? Debemos pensar, al menos es lo que pienso yo, en que buscar ayuda de otras personas es sumamente importante, de los libros que siempre son buenos amigos, de los escritores que escriben para un lector que tiene similares problemas de lo que escribe un autor a través de la literatura, en especial de la poesía, porque verdaderamente pienso que la poesía ayuda, solo que debemos entenderla, y buscarla como se busca e investiga todo en esta vida, al menos ese es el deber nuestro como seres humanos pensantes en este complejo mundo.
     


Darío Tello Medina

lunes, 15 de mayo de 2017

¿Aulas o Jaulas?



¿Aulas o  jaulas?




Siempre me pregunté porque a los salones dentro de las escuelas le llamaban aulas, aunque nunca busqué la respuesta, quizá por pereza, quizá porque lo pensaba y luego lo echaba al olvido, quizá por tantas cosas que se me vienen a la cabeza, nunca busqué el porqué de la utilización de ese término al designar los salones de clase. Recientemente visité una escuela emblemática de la ciudad donde nací, me formé y en la cual aún vivo y gracias a eso decidí buscar el porqué de la utilización de ese término. Llegué a mi casa y me atreví a  buscar en  el diccionario de la real academia española, y dice que la palabra aula viene del latín “aula”, y significa en primer  término “sala donde se celebran las clases en los centros docentes.” En una segunda acepción en la que aparece la abreviatura  “poét” que significa que se utiliza en un lenguaje poético dice “Palacio de un príncipe Soberano.” Fui más allá y busqué en mi diccionario de latín, pues el latín es la lengua madre del castellano, catalán, gallego, provenzal, francés, portugués, rumano, etcétera, digo lengua madre pues a partir de ella, a partir de la imposición del latín por parte del imperio romano a las distintas partes de Europa y las mezclas con las lenguas nativas fueron naciendo estos distintos idiomas que los lingüistas llamaron lenguas romances, por provenir del contacto como dije más arriba con el imperio romano cuya lengua era el latín. En latín, aula, aulae: significa en primer término: patio; atrio {de una casa} y en una segunda acepción: palacio real.  Estas dos acepciones son las que me interesan pues son las que se conectan con el significado de aula actualmente según el diccionario de la real academia española. Recuerdo mis clases de español diacrónico, las explicaciones del profesor Miguel Ángel Merino al decirnos que los significados de las palabras siempre cambian con el tiempo, e incluso nos decía que los significados de las palabras van perdiendo el valor que tenían en sus orígenes. Un ejemplo de esto es la palabra “aula” en latín significaba en primer término patio, y de esa utilización en el latín al pasar a la lengua castellana pasó a ser sala donde se celebran las clases en los centros docentes, es decir, en las escuelas. Es interesante darse cuenta que el significado de la palabra aula en su significado primigenio, es decir, el usado en el latín, era patio, un lugar abierto. Imaginarme el atrio de una casa romana me lleva a ver un lugar en contacto con la naturaleza, no por nada me imagino eso, uno puede imaginar y contar que han pasado al menos más de dos mil años desde ese entonces, han pasado muchas cosas desde ese tiempo, “aula” que en latín significaba patio pasó a convertirse en un lugar cerrado donde se imparten clases en la escuela formal, escuelas donde las aulas parecen más bien jaulas. 
Recientemente caminé por una de las escuelas más bellas, arquitectónicamente, de la ciudad de Maracaibo, es la Escuela Nacional Jorge Washington, tiene techos de madera, jardines internos dentro de  donde se ubican  los salones de clase, son dos los jardines internos que divide lo que llamamos acá la primaria, de primero a sexto grado, y en el otro jardín está el bachillerato. En cada uno de los jardines interiores, en el medio hay un busto, en el jardín interno donde está la primaria, está actualmente un busto derruido de nuestro Libertador Simón Bolívar, y no solamente eso, debajo del busto derruido del Libertador aparece una frase del mismo, como siempre fuera del contexto en que fue utilizada: “Con la disciplina soy inflexible”. Desde que tengo conciencia de la importancia del conocimiento de nuestra historia, la historia de nuestro país, la historia de Nuestra América, la  historia de los pueblos de nuestra madre tierra, incluso nuestra historia familiar, personal, me acerco siempre a los bustos de nuestras plazas, que están desde hace años y décadas abandonadas, nuestros “héroes” que fueron generalmente los próceres de nuestra independencia del imperio español, los hicieron de metal y los pusieron en nuestras plazas, los historiadores los deificaron, es decir, los volvieron dioses, personas que lucharon por la patria como: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Francisco de Miranda, Rafael Urdaneta y así fueron alejados y como decía un amigo profesor: fueron totemizados. Desde que me empecé a preguntarme acerca de que es la venezolanidad, me puse a indagar en nuestra historia, descubrí como los intelectuales venezolanos a partir de los cuarentas estaban muy preocupados por lo que algunos han llamado la transculturización de nuestros pueblos latinoamericanos, Mario Briceño Iragorry un historiador, intelectual  venezolano escribió en un libro que según mi opinión debería leer todo venezolano que se precie de serlo, llamado Mensaje sin destino publicado en 1951, en él decía que los venezolanos tenemos una verdadera crisis de pueblo, una crisis de pueblo que deviene en una crisis de identidad por el desconocimiento de nuestra historia, no solo el desconocimiento de nuestra historia si no nuestro desprecio hacia ella. Han pasado sesenta y dos años de la publicación  de ese libro y es tan actual,  ¿cómo es posible que los maestros o profesores de esa escuela permitan tener un busto de Bolívar derruido en el jardín interno de esa institución? ¿A los maestros no les duele que el busto de Bolívar esté en ese estado? ¿A alguien de la comunidad o algún padre o madre de los niños que estudian en la  institución le importa eso? ¿A alguien le importa lo que puede significar esa frase fuera de contexto, de Bolívar, a quién lo lea? Me pregunto yo: ¿de tantas frases de Bolívar por qué escogieron esa en referencia a la disciplina? ¿Son soldados los estudiantes? No puedo evitar sonreírme al escribir estas palabras, de tantas frases que fueron parte de sus discursos o documentos donde Bolívar en verdad decía algo de verdadera relevancia ésta es la escogida, incluso hasta la frase más manoseada por tantos: “Moral y luces serán nuestras primeras necesidades” o “moral y luces serán los polos de nuestra república”, podría haber sido utilizada, aunque siempre me ha parecido que los maestros, profesores o docentes deben explicitar esta frase tan incomprendida entre mucho estudiante que lee mecánicamente esa frase y no la entiende, pues es incomprendida porque se tiene un concepto erróneo de lo que es la moral, imbuido a mi parecer por el dogma de la religión, y no por el concepto como la utilizaba Bolívar.  En la cuarta acepción de Moral en el diccionario de la real academia española dice: “ciencia que trata del bien general y de las acciones humanas en orden a su bondad y malicia.” Creo que a esta definición se refería Bolívar  al hablar de la Moral y al referirse a las Luces utiliza una metáfora referida al conocimiento, los estudiantes lamentablemente la entienden literal, hay que comprender para luego explicar a los estudiantes que Bolívar fue influido por los filósofos de la ilustración, filósofos  que escribieron en el llamado Siglo de las Luces (1700-1800), leyó a Rousseau, (uno de los autores favoritos de su gran maestro, el incomprendido Simón Rodríguez),  Voltaire ,Kant, etcétera, estos filósofos a través de su crítica a las instituciones políticas, religiosas y sociales por tener sometido el intelecto y las capacidades del ser humano en la Europa de ese entonces dieron paso a sucesos como la Revolución Francesa, cosa impensable entre las monarquías europeas de ese entonces ver como una turba, llamada pueblo, tomaba la Bastilla y poco tiempo después la Convención decidía cortarle la cabeza a Luis XVI , y meses después a la reina María Antonieta, hermana del Emperador de Austria.
De los sucesos históricos que acaecieron a finales del siglo XVIII, y de la lectura de los filósofos de la ilustración nacieron las ideas de Francisco de Miranda, Simón Bolívar de crear una República en las colonias de la llamada América Española, del siglo de las luces, nace todo el planteamiento educativo del maestro Simón Rodríguez, que decía que había que enseñar a los niños a ser preguntones, que preguntaran el porqué y para qué de las cosas, para que obedecieran a la Razón y no la autoridad que les ordenara, cosa peligrosa de enseñar para quien detenta el poder, por eso fue desaparecido todo su legado educativo y no se estudia en nuestras grandes universidades públicas autónomas de este país, me refiero principalmente a LUZ, ULA y la UCV. De Simón Rodríguez solo sabemos que fue el Maestro de Simón Bolívar,  y no que su libro favorito era el Emilio de Rousseau, que como escribe otro olvidado intelectual venezolano Mariano Picón Salas “… (En él) se decía que la enseñanza que más vale es la que el hombre logra en la detenida observación de todo lo viviente; no solo lo que tenemos en los textos de estudio o nos trasmiten los maestros, sino reflexionando sobre cuanto vemos y cuanto pasa por nuestra conciencia. La naturaleza es el primero y más fascinante libro que invita a nuestros ojos, y desenvolviendo la imaginación, la sensibilidad y hasta la fantasía poética, el hombre puede ser su propio maestro.”1  De la lectura de Rousseau nace la idea de Simón Rodríguez que dice que la lectura se hace a través de todos los sentidos, y también la importancia de la observación de todo lo viviente como otra manera de conocimiento, de ahí nace también lo que otro grande pedagogo llamado Paulo Freire llamó la lectura del mundo, la lectura que todos hacemos desde que nos damos cuenta que estamos en este mundo. Simón Rodríguez y Paulo Freire son los padres de la llamada Educación Popular, manera de educar que es la necesaria si se piensa en un verdadero cambio en nuestra educación formal, que lamentablemente es casi la misma desde que la criticaba Simón Rodríguez en siglo XIX o mejor dicho creo que ha empeorado desde los planteamientos y críticas que hacía el maestro de Bolívar para ese entonces.
Los maestros de nuestras escuelas actualmente lo que parecen son carceleros, y las aulas de clases parecen más bien jaulas de clases, sé que afortunadamente existen algunos maestros que se ganan con merito que el alumno lo llame así, así como Bolívar llamaba así a Simón Rodríguez, pero la gran mayoría desconoce( y a veces creo que ni les importa) el significado de su labor como la formadora de los ciudadanos de la futura Venezuela, desconocen lo importante y significativo que algún alumno te llame maestro, así llamaban  a Jesús, a Sócrates, a Gandhi a Mahoma a personas que fueron relevantes en nuestra vida a lo largo de la historia de nuestro planeta. Este corto texto tuvo como idea fundamental escribir sobre la desidia de toda una ciudadanía acerca del monumento derruido en una escuela de mi ciudad, monumento de alguien a quien llamamos Libertador de nuestra patria, la desidia que se percibe de importarnos un bledo nuestra historia, de desconocerla supinamente y voltear la mirada como si fuera algo que nos desagradara. Cada vez que trabajo con niños y adolescentes de nuestra escuela, pienso que se tiene que ir a una reforma de toda nuestra manera de dar clases, de enseñar, pero este cambio no puede hacerse solamente desde el Ministerio de Educación, si no también desde la universidades que siguen graduando a los docentes sumamente ignorantes de lo planteado por Simón Rodríguez o Paulo Freire (y muchos otros teóricos) , educadores que basan lo que enseñan a través de la copia, educadores que a través de lo que llaman “dominio de grupo”  lo único que hacen es domesticar a los alumnos. Me disculpo con los buenos maestros, profesores, que a lo largo de mi carrera de estudiante muchas veces me encontré y de los que aprendí algo importante para la vida, es sólo mi frustración de ver cosas que a nadie le importa, la desidia de ver docentes trabajar con alumnos sin enseñarles lo importante de apreciar a nuestros  Héroes patrios, de ver a Nuestro Bolívar Libertador en ruinas y  verlos inmutables y no hacer nada por eso.  


Darío Tello Medina