martes, 15 de mayo de 2018

A la caza del efectivo perdido


A la caza del efectivo perdido
Vivo en Maracaibo, ciudad fronteriza y uno de los centros en Venezuela donde convive la Mafia de extracción de dinero en efectivo  en conjunto con la otra ciudad fronteriza dentro de Venezuela: San Antonio del Tachira. Sé que la palabra Mafia es un eufemismo que oculta con su denominación a una gran cantidad de personas que viven de esta práctica actualmente. Maracaibo como ciudad fronteriza con Colombia, siempre ha sido un centro para  el contrabando todos estos años de diversos productos entre ellos: gasolina, alimentos y toda cosa que se pueda cambiar en Maicao que a cargo del diferencial cambiario con el peso colombiano en la frontera que, por cierto, no es el mismo diferencial que en Bogotá, pueda ser rentable para ganar dinero y ser un negocio redondo para todo aquel que se embarque a hacerlo. Eso es una realidad fáctica, otra realidad fáctica es que a causa de este negocio no hay suficiente efectivo para la población a nivel nacional y los bancos te dan una cantidad limitada de efectivo, igualmente  ha habido  en el comercio una diferencia de precios cuando se paga en efectivo  que cuando se paga con punto de venta o con una transferencia bancaria, todo esto se junta con que Venezuela vive la peor crisis económica de la historia, la inflación de los precios es de todas las semanas en cualquier producto sobre todo de los alimentos, esto ha hecho que el venezolano que está aquí calándose toda esta crisis  vaya  a la caza del efectivo perdido.
Antes de explicarle mi periplo dentro de los bancos de mí ciudad debo mostrarle la diferencia de precios que existe pagando en efectivo o pagando en punto de venta. Un kilo de queso en el Mercado Las Pulgas en el centro de Maracaibo en efectivo cuesta 470 mil bolívares, comprando ese mismo kilo de queso en un supermercado o en una charcutería pagando en un punto de venta cuesta alrededor de un millón setecientos mil  bolívares o hasta dos millones. Es algo ese diferencial de precios, les pongo otro ejemplo, dos plátanos en un supermercado cualquiera llegan a costar hasta 150 mil bolívares, en  los plataneros en pleno centro de Maracaibo con los mismos 150 mil bolívares en efectivo se pueden comprar más de diez buenos plátanos e inclusive con menos dinero, estos dos ejemplos se repiten igualmente con otros productos.
De lunes a viernes me levanto temprano en la mañana y salgo a hacer mi periplo por los bancos en busca del efectivo perdido para reunir junto a mi padre para comprar más barato algunos alimentos más económicos que en un supermercado cualquiera sería inaccesible para el medio común. Cuando salgo de mi casa me acuerdo de cuando era joven en los noventas y escuchaba la voz de Alí Khan  narrando las carreras de caballo como cuando decía: « ¡Partida! La largada es un poquito mala para Darío, sin embargo intenta recuperarse retomando el paso para llegar al Banco Venezuela para ver si sale temprano para ir a otro banco para que le den un poquito más de efectivo.» (Risas) Así al menos escucho en mi cabeza al menos en estas carreras imaginarias con las que me entretengo mientras paseo y observo lo que sucede en los bancos. Creo que por lo que he visto todo aquel escritor que esté viviendo en estos momentos en el país, debe darse un paseo por los bancos porque encontraría mucho material para la escritura de unas grandes historias para realizar unos excelentes cuentos o una gran novela, en este país que según mi humilde opinión es el país de lo posible. En ningún país sucede lo que sucede aquí. Mientras recorro la ciudad en mi carrera narrada imaginariamente por Alí Khan, me doy cuenta como esta crisis ha afectado la ciudad de Maracaibo, el transporte es mucho más pésimo de lo pésimo que siempre ha sido, hay muchos menos autos en la calle, esto también está ligado al altísimo precio de cualquier repuesto de autos que se calcula al precio del dólar criminal que todos los días sube sin ningún calculo o parámetro valedero y que todos los comerciantes de cualquier cosa suben sus precios bajo ese marcador, pues el comercio dolarizó la economía  bajo ese marcador en desmedro de la población. Esto ha hecho que mucha gente haya salido del país hacia otros países de la región, no tengo cálculos exactos pero lo noto en mi carrera por las calles de mi ciudad en la que veo poca gente en una ciudad tan populosa, alegre y bochinchera como la ciudad de Maracaibo. Llego al primer  Banco, donde me dijeron que estaban dando 100 mil, hago una cola algo larga, noto las dos colas que hay, una de adultos mayores o la de los viejitos y la de la taquilla normal, la que yo hago. Si algo debo notar en estos convulsivos tiempos es que cada vez hay menos jóvenes en las calles y los viejitos son mayoría, y en los bancos se nota esa diferencia, la preferencia la tienen los adultos mayores, ellos pasan primero a pesar de las quejas que puedan hacer los de la cola de taquilla. Mientras llegué a la cola casi a la hora de abrir vi esa pelea entre las dos colas, pues todos quieren entrar primero pues quieren salir temprano para sus otras ocupaciones o para ir a otro banco a la caza del efectivo perdido. Creo que es justa la preferencia que se tiene a los adultos mayores, no todo el mundo llega esa edad pero también noto como una parte de esos viejitos se aprovecha de su beneficio para hacerse «el Willy Mays», colarse a todos impunemente y salir más rápido de los bancos para ir a otro. Cosa que enfurece a cualquiera que esté haciendo la cola sin hacer trampa, en ese banco vi a un viejito poniendo cara de viejito tonto llegar tarde, entrar casi al mismo tiempo que yo cuando tenía como hora y media en la cola, luego en las filas que formaba el gerente adentro del banco vi a ese viejito poniendo la misma cara de tonto colarse impunemente a los adultos mayores que estaban allí haciendo la cola para entrar a taquilla antes que los demás, todo impunemente, a él lo bauticé como el viejito Colón. Luego del efectivo que conseguí en ese banco fui a otro donde conseguí 30 mil bolívares más, cada vez que voy a los bancos, converso con la gente casi siempre de los mismos temas, de los precios que suben, de los alimentos que se pueden conseguir en los distintos supermercados a precios accesibles, de los bancos a los que se pueden dirigir, si en el banco Venezuela por ejemplo se pueden sacar efectivo en distintos bancos, etcétera. Yo que he salido de una temporada misántropa ayudo a la gente en lo que puedo mientras estoy en la calle, creo profundamente en eso en estos tiempos, lamentablemente el común anda en el sálvese quien pueda, robando y dejándose robar por otro en una espiral que no termina.
Hay una cosa curiosa que me ocurrió este día de bancos que les estoy narrando, cuando fui al tercer banco llegué poco tiempo antes de cerrar, la maquina donde uno toma el número no funcionaba y había dos largas colas, una de taquilla y la cola respectiva de los viejitos. Me puse en la cola de taquilla a conversar con mis compañeros de bancos como ahora los llamo, hablé con una flaca que ya había recorrido 4 bancos Venezuela en busca del necesario efectivo, hablamos de la dura situación que se vive, de lo necesario que se hace el efectivo y me contó otras historias cotidianas las cuales escuché atentamente. Mientras ella me pedía que le guardara el puesto  pues se iba a sentar en los puestos de los viejos que  estaban desocupados pues la cola de ellos corría más rápido que la nuestra, me fijé como dos tipos salían de la cola de taquilla pues los habían atendido  y sin embargo se ponían detrás otra vez en la cola que yo venía haciendo, me pareció cosa extraña pero no le presté atención y me puse a conversar con otra mujer muy simpática que tenía atrás mío acerca del efectivo que estaba reuniendo para comprar unos huevos que en el Mercado Las Pulgas que como ya estimado lector les he dicho sale mucho más barato en efectivo. Mientras conversaba con la mujer simpática, escucho lo que están hablando los dos tipos, uno era bajo de tez negra, con algunas canas en la cabeza pero se veía joven como de 30 y pico de años, el otro alto como de 1 metro 90  de altura, blanco con barba, con la frente ancha a causa de la calvicie se veía de más de 40 años, quien le decía al otro que uno debía tomar algunas clases de actuación para no cometer errores y volver a sacar dinero de taquilla, al escuchar esto es que al fin me percaté que ellos dos iban a intentar sacar dinero en efectivo del mismo banco donde minutos antes habían sacado, tras lo cual la mujer simpática y yo nos miramos a las caras sorprendidos de que eso se pudiera hacer, ellos nos dijeron que sí se podía hacer, pero que había que ser atendido por otro cajero y tener la suerte de que el cajero no se fijara de que ya antes había sido atendido en el mismo banco. Luego de eso vi a una viejita con bastón que había salido atendida de la cola de los viejitos y que se disponía a hacer la cola que yo estaba haciendo, ella dijo que ya había ido a 4 bancos hoy, una señora como de 70 y pico de años  de carrera en carrera a la caza del efectivo perdido y se disponía a sacar otra vez en la misma cola donde yo estaba. Yo seguí conversando con la mujer simpática y le dije que sabía que se podía sacar efectivo en otros bancos Venezuela pero que no sabía que se podía sacar en el mismo banco y me eché a reír con ella de esta ocurrencia de la gente. Mientras conversamos todos apuntaban a una cajera que era muy estricta que era la que rechazaba a todo aquel que ya había sacado efectivo del banco, me fijé mientras hacía la fila como había rechazado darle efectivo a la flaca con quien primero había hablado pues había sacado en 4 bancos Venezuela y a otro señor que ya había hecho lo mismo que los dos tipos que estaban tras mío intentando volver a sacar efectivo del mismo banco.  Todos temían ir a ser atendidos por la funcionaria estricta y temible que no le temblaba el pulso para utilizar su poder y rechazar a la gente. Funcionaria que no se da cuenta que la gente no busca efectivo para venderlo como muchos funcionarios bancarios lo hacen, si no porque lo necesitan para bandearse y para comprar comida más barata como en mi caso estimado lector. Cuando me tocó pasar, pasé a la caja de la funcionaria estricta, le di mi tarjeta de debito y retiré los 30 mil bolívares respectivo y me fui con paso apurado, haciéndole una señal afirmativa a la mujer simpática que temía que la cajera estricta podía rechazarla y que se despidió de mí con una sonrisa. Cosas veredes estimado lector y más en este país que es el país de lo posible.

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