A la caza del efectivo perdido
Vivo
en Maracaibo, ciudad fronteriza y uno de los centros en Venezuela donde convive
la Mafia de extracción de dinero en efectivo
en conjunto con la otra ciudad fronteriza dentro de Venezuela: San Antonio del Tachira. Sé
que la palabra Mafia es un eufemismo que oculta con su denominación a una gran
cantidad de personas que viven de esta práctica actualmente. Maracaibo como
ciudad fronteriza con Colombia, siempre ha sido un centro para el contrabando todos estos años de diversos
productos entre ellos: gasolina, alimentos y toda cosa que se pueda cambiar en
Maicao que a cargo del diferencial cambiario con el peso colombiano en la
frontera que, por cierto, no es el mismo diferencial que en Bogotá, pueda ser
rentable para ganar dinero y ser un negocio redondo para todo aquel que se
embarque a hacerlo. Eso es una realidad fáctica, otra realidad fáctica es que a
causa de este negocio no hay suficiente efectivo para la población a nivel
nacional y los bancos te dan una cantidad limitada de efectivo, igualmente ha habido en el comercio una diferencia de precios
cuando se paga en efectivo que cuando se
paga con punto de venta o con una transferencia bancaria, todo esto se junta
con que Venezuela vive la peor crisis económica de la historia, la inflación de
los precios es de todas las semanas en cualquier producto sobre todo de los
alimentos, esto ha hecho que el venezolano que está aquí calándose toda esta
crisis vaya a la caza del efectivo perdido.
Antes
de explicarle mi periplo dentro de los bancos de mí ciudad debo mostrarle la
diferencia de precios que existe pagando en efectivo o pagando en punto de
venta. Un kilo de queso en el Mercado Las Pulgas en el centro de Maracaibo en
efectivo cuesta 470 mil bolívares, comprando ese mismo kilo de queso en un
supermercado o en una charcutería pagando en un punto de venta cuesta alrededor
de un millón setecientos mil bolívares o
hasta dos millones. Es algo ese diferencial de precios, les pongo otro ejemplo,
dos plátanos en un supermercado cualquiera llegan a costar hasta 150 mil
bolívares, en los plataneros en pleno
centro de Maracaibo con los mismos 150 mil bolívares en efectivo se pueden
comprar más de diez buenos plátanos e inclusive con menos dinero, estos dos
ejemplos se repiten igualmente con otros productos.
De
lunes a viernes me levanto temprano en la mañana y salgo a hacer mi periplo por
los bancos en busca del efectivo perdido para reunir junto a mi padre para
comprar más barato algunos alimentos más económicos que en un supermercado
cualquiera sería inaccesible para el medio común. Cuando salgo de mi casa me
acuerdo de cuando era joven en los noventas y escuchaba la voz de Alí Khan narrando las carreras de caballo como cuando
decía: « ¡Partida! La largada es un poquito mala para Darío, sin embargo intenta
recuperarse retomando el paso para llegar al Banco Venezuela para ver si sale
temprano para ir a otro banco para que le den un poquito más de efectivo.»
(Risas) Así al menos escucho en mi cabeza al menos en estas carreras
imaginarias con las que me entretengo mientras paseo y observo lo que sucede en
los bancos. Creo que por lo que he visto todo aquel escritor que esté viviendo
en estos momentos en el país, debe darse un paseo por los bancos porque
encontraría mucho material para la escritura de unas grandes historias para
realizar unos excelentes cuentos o una gran novela, en este país que según mi
humilde opinión es el país de lo posible. En ningún país sucede lo que sucede
aquí. Mientras recorro la ciudad en mi carrera narrada imaginariamente por Alí
Khan, me doy cuenta como esta crisis ha afectado la ciudad de Maracaibo, el
transporte es mucho más pésimo de lo pésimo que siempre ha sido, hay muchos
menos autos en la calle, esto también está ligado al altísimo precio de
cualquier repuesto de autos que se calcula al precio del dólar criminal que todos
los días sube sin ningún calculo o parámetro valedero y que todos los
comerciantes de cualquier cosa suben sus precios bajo ese marcador, pues el
comercio dolarizó la economía bajo ese
marcador en desmedro de la población. Esto ha hecho que mucha gente haya salido
del país hacia otros países de la región, no tengo cálculos exactos pero lo
noto en mi carrera por las calles de mi ciudad en la que veo poca gente en una
ciudad tan populosa, alegre y bochinchera como la ciudad de Maracaibo. Llego al
primer Banco, donde me dijeron que
estaban dando 100 mil, hago una cola algo larga, noto las dos colas que hay,
una de adultos mayores o la de los viejitos y la de la taquilla normal, la que
yo hago. Si algo debo notar en estos convulsivos tiempos es que cada vez hay
menos jóvenes en las calles y los viejitos son mayoría, y en los bancos se nota
esa diferencia, la preferencia la tienen los adultos mayores, ellos pasan
primero a pesar de las quejas que puedan hacer los de la cola de taquilla. Mientras
llegué a la cola casi a la hora de abrir vi esa pelea entre las dos colas, pues
todos quieren entrar primero pues quieren salir temprano para sus otras
ocupaciones o para ir a otro banco a la caza del efectivo perdido. Creo que es
justa la preferencia que se tiene a los adultos mayores, no todo el mundo llega
esa edad pero también noto como una parte de esos viejitos se aprovecha de su
beneficio para hacerse «el Willy Mays», colarse a todos impunemente y salir más
rápido de los bancos para ir a otro. Cosa que enfurece a cualquiera que esté
haciendo la cola sin hacer trampa, en ese banco vi a un viejito poniendo cara
de viejito tonto llegar tarde, entrar casi al mismo tiempo que yo cuando tenía
como hora y media en la cola, luego en las filas que formaba el gerente adentro
del banco vi a ese viejito poniendo la misma cara de tonto colarse impunemente
a los adultos mayores que estaban allí haciendo la cola para entrar a taquilla
antes que los demás, todo impunemente, a él lo bauticé como el viejito Colón.
Luego del efectivo que conseguí en ese banco fui a otro donde conseguí 30 mil
bolívares más, cada vez que voy a los bancos, converso con la gente casi
siempre de los mismos temas, de los precios que suben, de los alimentos que se
pueden conseguir en los distintos supermercados a precios accesibles, de los
bancos a los que se pueden dirigir, si en el banco Venezuela por ejemplo se
pueden sacar efectivo en distintos bancos, etcétera. Yo que he salido de una
temporada misántropa ayudo a la gente en lo que puedo mientras estoy en la calle,
creo profundamente en eso en estos tiempos, lamentablemente el común anda en el
sálvese quien pueda, robando y dejándose robar por otro en una espiral que no
termina.
Hay
una cosa curiosa que me ocurrió este día de bancos que les estoy narrando,
cuando fui al tercer banco llegué poco tiempo antes de cerrar, la maquina donde
uno toma el número no funcionaba y había dos largas colas, una de taquilla y la
cola respectiva de los viejitos. Me puse en la cola de taquilla a conversar con
mis compañeros de bancos como ahora los llamo, hablé con una flaca que ya había
recorrido 4 bancos Venezuela en busca del necesario efectivo, hablamos de la
dura situación que se vive, de lo necesario que se hace el efectivo y me contó
otras historias cotidianas las cuales escuché atentamente. Mientras ella me
pedía que le guardara el puesto pues se
iba a sentar en los puestos de los viejos que
estaban desocupados pues la cola de ellos corría más rápido que la nuestra,
me fijé como dos tipos salían de la cola de taquilla pues los habían
atendido y sin embargo se ponían detrás
otra vez en la cola que yo venía haciendo, me pareció cosa extraña pero no le
presté atención y me puse a conversar con otra mujer muy simpática que tenía
atrás mío acerca del efectivo que estaba reuniendo para comprar unos huevos que
en el Mercado Las Pulgas que como ya estimado lector les he dicho sale mucho
más barato en efectivo. Mientras conversaba con la mujer simpática, escucho lo
que están hablando los dos tipos, uno era bajo de tez negra, con algunas canas
en la cabeza pero se veía joven como de 30 y pico de años, el otro alto como de
1 metro 90 de altura, blanco con barba,
con la frente ancha a causa de la calvicie se veía de más de 40 años, quien le
decía al otro que uno debía tomar algunas clases de actuación para no cometer
errores y volver a sacar dinero de taquilla, al escuchar esto es que al fin me
percaté que ellos dos iban a intentar sacar dinero en efectivo del mismo banco donde
minutos antes habían sacado, tras lo cual la mujer simpática y yo nos miramos a
las caras sorprendidos de que eso se pudiera hacer, ellos nos dijeron que sí se
podía hacer, pero que había que ser atendido por otro cajero y tener la suerte
de que el cajero no se fijara de que ya antes había sido atendido en el mismo
banco. Luego de eso vi a una viejita con bastón que había salido atendida de la
cola de los viejitos y que se disponía a hacer la cola que yo estaba haciendo,
ella dijo que ya había ido a 4 bancos hoy, una señora como de 70 y pico de
años de carrera en carrera a la caza del
efectivo perdido y se disponía a sacar otra vez en la misma cola donde yo
estaba. Yo seguí conversando con la mujer simpática y le dije que sabía que se
podía sacar efectivo en otros bancos Venezuela pero que no sabía que se podía
sacar en el mismo banco y me eché a reír con ella de esta ocurrencia de la
gente. Mientras conversamos todos apuntaban a una cajera que era muy estricta
que era la que rechazaba a todo aquel que ya había sacado efectivo del banco,
me fijé mientras hacía la fila como había rechazado darle efectivo a la flaca
con quien primero había hablado pues había sacado en 4 bancos Venezuela y a
otro señor que ya había hecho lo mismo que los dos tipos que estaban tras mío
intentando volver a sacar efectivo del mismo banco. Todos temían ir a ser atendidos por la
funcionaria estricta y temible que no le temblaba el pulso para utilizar su
poder y rechazar a la gente. Funcionaria que no se da cuenta que la gente no busca
efectivo para venderlo como muchos funcionarios bancarios lo hacen, si no
porque lo necesitan para bandearse y para comprar comida más barata como en mi
caso estimado lector. Cuando me tocó pasar, pasé a la caja de la funcionaria
estricta, le di mi tarjeta de debito y retiré los 30 mil bolívares respectivo y
me fui con paso apurado, haciéndole una señal afirmativa a la mujer simpática
que temía que la cajera estricta podía rechazarla y que se despidió de mí con
una sonrisa. Cosas veredes estimado lector y más en este país que es el país de
lo posible.
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