jueves, 22 de mayo de 2014

Dos poemas de un poemario para los niños que estoy escribiendo





I
Ernesto leyendo


El árbol que veo no lo puedo describir,
No conozco las palabras que puedan hacerlo
Aun así puedo verlo,
Ver sus colores,
Las formas de sus hojas
Aunque,
Debo ver más allá,
Con mis manos toco el árbol,
y  noto que el tronco no es liso,
tiene como arrugas,
así como a los viejos  de estar viejos  se les arruga la piel,
huelo el olor del fruto que da mi árbol,
los mangos  que se pudren en el patio de mi casa,
puedo notarlos sin verlos,
así como probar algunos de esos mangos,
y saber que son mangos,
 solo con probarlos  sin mirarlos ni tocarlos.
Mi Tío insiste en decirme en que no me apure por aprender a leer las palabras,
Me dice que primero  vea y observe el mundo que me rodea,
“Lea el mundo, así sea lo duro que sea
 lo que veas,
Pues el mundo tiene sus lados amargos
 pero también nos toca  sus lados dulces
 como recompensando tanta tristeza que a veces nos toca.”
Así me dice mi Tío.


II

Cada cosa en el planeta tiene su nombre,
Muchos hombres o mujeres han investigado,
estudiado
Y colaborado
Con nuestra humanidad,
Humanidad  es el grupo de personas y de generaciones pasadas
Que habitan un pequeño planeta
Llamado: Tierra
Humanidad también es amor,
Nuestra lengua,
el castellano que hablamos a  quemarropa,
es heredera del Latín
Que farfullaban esos piratescos Romanos.
Palabras van
Palabras vienen
Las palabras se transforman,
Se convierten en otras lenguas,
La palabra amor viene del Latín, amor.
Los griegos antiguos de hace muchos siglos atrás,
Tenían tres palabras para designar la palabra amor,
Erao: para designar el amor pasional,
Phileos: para nombrar el amor de la amistad,
Y Stergo: para nombrar el amor familiar.
Amor es un concepto profundo, con distintas implicaciones,
Amor es un concepto fundamental para los seres humanos,
Pues cuando amamos compartimos nuestro amor con los  otros,
Y preservamos nuestra HUMANIDAD.


martes, 15 de abril de 2014

Sobre Ángel Rama





Sobre Ángel Rama

Ángel  Rama ocupa un importante lugar en la literatura latinoamericana, más que como escritor (escribió una novela y varias obras de teatro) como  el más grande crítico literario de su generación, lo cual no es poca cosa, pues cronológicamente vivió un tiempo donde distintos escritores latinoamericanos fueron leídos, editados y reeditados,  llamada la generación del «Boom», donde escritores latinoamericanos como: Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, entre otros tantos grandes escritores, que fueron y son profusamente leídos. De ahí la importancia de la obra literaria de Ángel Rama, quien investigó a los renombrados escritores del boom, pero también a escritores latinoamericanos que parecían quedar al margen, como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, José Lezama Lima, José María Arguedas, entre otros.
Ángel Rama sigue en su labor crítica a los fundadores de la Crítica literaria latinoamericana, a los Henriquez Ureña, los Picón Salas, los Alfonso Reyes, etcétera, consolidando un estudio profundo de nuestra historia y literatura latinoamericanas como un todo. Pocos críticos en Nuestra América tienen el conocimiento que poseyó este insigne  latinoamericano, detective de nuestra cultura, y uno de los intelectuales cuya obra logra un realce de nuestra literatura latinoamericana mediante el estudio de interesantes líneas de investigación, como su concepto de «transculturación» que tomó del intelectual cubano Fernando de Ortíz para aplicarlo a nuestra narrativa latinoamericana,  como también los análisis sobre el papel de los intelectuales en la conformación de nuestras sociedades o, como la llamó Rama: «la ciudad letrada».
La Ciudad Letrada (1982), libro fundamental para entender la creación de las burocracias latinoamericanas en nuestros países, donde Rama habla de la creación de varios anillos de poder alrededor de las ciudades latinoamericanas. Uno de esos anillos es la ciudad letrada, ese grupo de escribanos, abogados, funcionarios, letrados, que formaron a la clase dirigente que se conformó en la época de la colonia en la América, clase dirigente que estableció su articulación con el poder  mientras cambió la clase política en el pasar de los años: la guerra de independencias, la conformación de las distintas repúblicas en Latinoamérica, la modernización de las ciudades, mostrando la capacidad de adaptación a los cambios políticos a través del pasar del tiempo.
El imperio de la palabra escrita como relación con el poder, se trata de la creación, desde la colonia, de esta clase dirigente, una ciudad letrada, una ciudad escrituraria, reservada a mantener los privilegios de una estricta minoría. Rama da un dato histórico: desde 1538 se contó con una Universidad en Santo Domingo y antes de finalizar el siglo se cuenta con universidades en: México, Quito, Lima, Bogotá y Cuzco, atención a la educación de los letrados que no tuvo ningún equivalente con la escuela de primeras letras. La conformación de nuestras ciudades en América se hizo estableciendo un orden impuesto desde el Poder y, desde la colonia, se articuló el orden que se establecería desde la ciudad letrada, la ciudad escrituraria.
Ángel Rama tiene una significación muy importante para Venezuela, pues parte de su vida la vivió en el país; en 1972 vino a dictar a la Universidad Central de Venezuela unos cursos, aquí lo sorprendió el golpe de Estado militar en su país, Uruguay, el 27 de junio de 1973, esto lo hace quedarse en Venezuela. Poco tiempo después toma la nacionalidad venezolana y comienza su periplo en nuestro país, trabaja como profesor en la Universidad Central de Venezuela, escribe en varios periódicos venezolanos, dicta talleres en distintas universidades del país y, en lo que quizá más dejó su huella, creó la Biblioteca Ayacucho, iniciativa de Ángel Rama y Leopoldo Zea para la que se consigue el apoyo del gobierno de Venezuela de ese entonces. Este ambicioso proyecto editorial nació con motivo de la conmemoración del sesquicentenario de la Batalla de Ayacucho que consagró la independencia de América.
Los quinientos volúmenes planificados abarcan las obras más importantes para la cultura Latinoamericana desde sus orígenes precolombinos en los diversos campos del conocimiento: Literatura, Antropología, Filosofía, Pensamiento Político, Historia. Toda la visión de su hacer Crítico, de una Literatura Latinoamericana, una Cultura Latinoamericana, la propone editorialmente al hacer una Biblioteca sobre la Cultura latinoamericana, que abarca todas las disciplinas del saber, escrita por los latinoamericanos. Su primer número es la doctrina del libertador Simón Bolívar, uno de los grandes pensadores que vio y proyectó a las colonias españolas en la América, como una Nación con una Cultura en común.
Ángel Rama, como director literario de la Biblioteca Ayacucho, le tocó, junto a varios intelectuales latinoamericanos, escoger a los autores de esos volúmenes o títulos que integran ese gran caudal de la cultura latinoamericana. Los primeros volúmenes de la biblioteca atestiguan la visión general que debe llevar englobando lo más importante de nuestro pensamiento: - Doctrina del libertador, Simón Bolívar, - Canto General, Pablo Neruda -, -Ariel, Motivos de Proteo, José Enrique Rodó-, - La Voragine, José Eustasio Rivera -, - Comentarios Reales, Inca Garcilaso de la Vega, -Poesía, Rubén Darío, -Casa-Grande y Senzala, Gilberto Freyre,  -Obra Literaria, José Martí-, -Facundo, Domingo Faustino Sarmiento-, etcétera, estos autores tomado de los primeros volúmenes editados por la biblioteca demuestran a latinoamericanos que han pensado en esta parte del mundo como una nación, como una parte importante del mundo. Pensadores como Bolívar, Neruda, Rubén Darío, Gilberto Freyre, José Martí, en términos generales tuvieron la visión de verse como una cultura, como una nación, con una visión continental. Hace cuarenta años que se inició ese proyecto editorial llamado la Biblioteca Ayacucho. Venezuela le debe este gran merito a Ángel Rama, legado editorial que aún permanece a la nación Venezolana y Latinoamericana, pues atesora parte de lo pensado y razonado por compatriotas latinoamericanos con sus luchas intelectuales, como Simón Rodríguez, sobre quien escribió Ángel Rama, y a quien le dedica un capitulo en su libro La Ciudad Letrada, por ser uno de los primeros en ir en contra de ella, es decir en contra de la ciudad letrada.
Ángel Rama en su periodo en Venezuela que fue la de mejor producción creativa, estudió a distintos autores venezolanos, como Simón Rodríguez, José Antonio Ramos Sucre, Rufino Blanco Fombona entre otros.
El 27 de noviembre de 1983 en un accidente aéreo muere Ángel Rama, acompañado por su esposa, la escritora y crítica argentina Marta Traba, y los escritores Manuel Scorza y Jorge Ibarguengoitia, vuelo que viajaba de Madrid hacia Bogotá al primer encuentro de Cultura Latinoamericana  cuya invitación le había hecho el Presidente Belisario Betancourt, fecha nefasta para la cultura latinoamericana por la muerte de esos grandes intelectuales de Nuestra América. 

Darío Tello Medina


jueves, 6 de febrero de 2014

Mambrú y la Utopía








A  Romer Urdaneta,  Ana Torres y a Mambrú Teatro en su cuarentena aniversario.
Mambrú y La Utopía

Soy un pesimista, siempre he sido un pesimista, creo que nunca dejaré de ser un pesimista. Uno de mis escritores favoritos, Ernesto Sábato, decía que los pesimistas son idealistas resentidos, pues los pesimistas que siempre esperan lo peor acerca  de lo que pasa en este insensato mundo,  tienen esa posición pues alguna vez creyeron en la idealidad del mundo, en la posibilidad de uno mucho mejor. Sábato decía que los pesimistas no todo el tiempo son pesimistas pues algunas veces juegan con la posibilidad de creer en el mundo porque el hombre es un ser que vive a través de las esperanzas, y los pesimistas a pesar de las dificultades siempre vuelven a creer en el mundo así sea para luego replegarse y volver a su posición pesimista de siempre o, como me decía una amiga, a volver a estar con las nubes negras en la cabeza siendo perseguidos por ellas en un día de sol.  Una clase de pesimistas, a mi particular parecer, son los utópicos, aquellas personas idealistas por naturaleza que creen en la posibilidad de un mundo mejor, y es más, luchan incansablemente por conseguirlo para al menos dar su grano de arena para esa gran lucha que es el cambio de nuestras sociedades que están sujetas a un sistema de dominación que reina sobre ellas desde hace siglos. Utopía es un término creado por Tomás Moro en su libro “La Utopía” editado en el año 1516, donde un personaje inventado por él, llamado Hytlodeo, narra sus experiencias luego que naufragara, en una expedición que hacía junto Américo Vespucio y otros navegantes, y a causa de eso llegara accidentalmente a la isla de Utopía. Utopía es una comunidad pacífica que cree en la propiedad común de bienes en contraposición del  sistema de  propiedad privada que ha reinado implacablemente en los días de Moro y lo sigue haciendo hasta nuestros días,  las autoridades de la isla son elegidas mediante el voto popular y todas las decisiones que se toman las hacen en consenso con toda la comunidad. La isla de Utopía es una comunidad que vive en una completa armonía donde sus habitantes colaboran todos para un bien para todos,  trabajan en todos los oficios, y tienen suficiente tiempo libre para  entretenerse  a través de las artes y otros menesteres a favor de la comunidad. Según los entendidos el origen etimológico de la palabra Utopía no fue definido por Tomás Moro, los académicos dicen que tiene dos vertientes etimológicas  la primera dice que deriva del griego outopía, ou (no) topía (lugar) es decir lo que no está en ningún lugar, y la otra vertiente dice que la palabra deriva del griego eutopía, eu (buen) topía (lugar) es decir buen lugar, me inclino a pensar en que la segunda vertiente del origen de la palabra Utopía es la acertada, pues es la que nos asegura al menos la posibilidad de luchar por un mundo mejor.
Esta corta introducción la hago intencionalmente pues a quienes va dedicado este texto es a esa clase de personas que creen en la posibilidad de un mundo mejor, esos utópicos que son tan necesarios en nuestras sociedades, sobre todo si hablamos de cambiarlas pues éstas  aplastan al ser y lo convierten en un objeto, en solo un engranaje, como diría Sábato, de esta gran maquinaria anónima. Uno de esos utópicos que he conocido recientemente es Romer Urdaneta, lo conocí en el año 2009, por motivos laborales, cuando comencé a trabajar en el Plan Revolucionario de Lectura como facilitador de los talleres para la promoción de la lectura, que se impartían a los participantes para que conformaran círculos de lecturas o escuadras de lecturas, como se llamaban exactamente dentro del Plan.  Éste fue uno de los primeros planes interministeriales que se hicieron desde el gobierno nacional donde participaban los ministerios de Educación, Educación Superior, Comunas y Cultura.
Una de las primeras cosas que me interesó del Plan, es que estaba inspirado en las enseñanzas de dos grandes pensadores y educadores que han nacido en esta patria grande latinoamericana: Simón Rodríguez y Paulo Freire, padres los dos de la llamada Educación Popular, Simón Rodríguez primeramente como pensador fundamental de nuestras sociedades americanas a las que vio fundarse, a las que criticó duramente por copiar modelos europeos y dejar todo igual como estaba antes de las guerras independentistas en beneficio de las clases privilegiadas, sin darle prioridad a la formación de los nuevos ciudadanos de las nuevas repúblicas, para eso proponía la educación popular, educación que proponía para todos los habitantes de toda Nuestra América, para realizar la Utopía que había descrito Moro en nuestras tierras americanas. Rodríguez decía una cosa interesante acerca de la lectura y era que ésta se hace a través de los sentidos, en general de todos los sentidos que tenemos le damos más preponderancia al sentido de la vista, pero a través de los otros sentidos podemos leer muchas cosas del gran libro de nuestra memoria, un olor, una canción nos puede llevar a algún recuerdo escondido u olvidado por nuestro ser.
El otro maestro, Paulo Freire fue un pedagogo brasileño del siglo XX que seguramente leyó al adelantado venezolano Simón Rodríguez, teorizó a través de varios de sus libros una educación liberadora, distinta de la educación castradora que aun se encuentran en nuestras aulas de clases, escribió una conferencia que se llama “la importancia del acto de leer” donde dice que una de las primeras lecturas que hacemos es la lectura el mundo, lectura que es la manera de cómo percibimos desde que somos niños todo nuestro entorno, lectura que no se remite solamente a la palabra, si no a todos los sentidos, como ya anteriormente lo había dicho Simón Rodríguez, pues la primera lectura que debemos hacer es la lectura de nuestra realidad inmediata,  y a través de la lectura de la realidad leer la palabra para darnos las ideas para poder transformar nuestra realidad. De estos necesarios utópicos estaba inspirado ese, valga la redundancia, utópico plan de lectura que se gestó hace ya cuatro años atrás.
Si algo debo agradecerle al haber participado en ese plan de lectura, primeramente es inclinarme a leer a Simón Rodríguez y Paulo Freire, y segundo el haber conocido a ese otro gran maestro que es Romer Urdaneta.
Lo conocí en una de esas reuniones que se hacían en el INCES, en alguna oficina que nos prestaban para realizar una reunión semanal con cada uno de los representantes en el estado Zulia de los ministerios que participaban dentro del plan de lectura, para planificar los talleres en cada uno de los espacios que los representantes de los ministerios acordaran dentro de las reuniones. Romer se sumaba al equipo del Plan Revolucionario de Lectura que estaba compuesto por Sacha López y yo, Darío Tello. Esas reuniones, llamadas Mesa técnica interministerial fueron muy accidentadas, íbamos a reunirnos para planificar, pero siempre faltaba alguien de los representantes del ministerio, las faltas de recursos materiales: hojas, fotocopias, transporte, el problema de la repartición de los millones de libros que se editaron para el plan, los apuros cotidianos de los responsables del Plan Revolucionario de Lectura en Caracas. Hay que resaltar que este plan, era un trabajo interministerial, cuyo saldo me dio a entender que poco se colaboraba o  ¿se colabora? Dentro de los distintos ministerios que forman parte del Gobierno nacional. En esas reuniones poco a poco me di cuenta de la creatividad e inventiva de Romer Urdaneta al proponer formas de aplicar el plan revolucionario de lectura. En la duración de la aplicación de este plan, hubo modificaciones que se hicieron desde Caracas, y la capacidad de adaptarse, y no solo de adaptarse, si no de proponer nuevas ideas que fuera posible adaptar en otras partes, las proporcionó Romer.
El procedimiento para la aplicación del plan revolucionario de lectura era primero dictar varios talleres pilotos para la promoción de la lectura  con la intención de formar a los participantes de estos talleres a ser promotores de lectura, éstos a su vez conformarían escuadras de lecturas o círculos de lecturas, de 8 a 12 participantes, mediante cuatro semanas aplicaría  la metodología que se recomendaba, donde se pasaba de la lectura del entorno o del mundo como diría el maestro Paulo Freire, hasta leer diversos textos periodísticos, literarios, históricos o políticos, etcétera. Luego de que terminara las cuatro semanas debía haber formado a un promotor de lectura para que éste a su vez conformara otra escuadra de lectura y se multiplicaran las escuadras de lectura como el vino, los panes y los pescados que multiplicó Jesús para la muchedumbre hambrienta en la historia del nuevo testamento. Suena candoroso cuando lo escribo, sobre todo cuando uno sabe que un lector se hace con tiempo, sin apuros, el aprendizaje de los saberes se tarda en cada quien el tiempo que sea necesario, no todo el mundo aprende con rapidez, en otros se  tarda más en comprender lo que se quiere enseñar que nuestro caso es el valor importantísimo del acto de leer, en cosas como éstas el plan revolucionario de lectura falló, por lo menos en su metodología.
Ya en 2010, reformularon el plan a una formación de más tiempo, aquí Romer Urdaneta propuso por su inventiva algo que llamó las Escuadras Maestras, donde nos reuníamos una vez a la semana en la cinemateca del estado Zulia, con los promotores de lectura que tuvieran escuadras de lectura, y nosotros seríamos los promotores de esa escuadra maestra para que estos a su vez aplicaran lo aprendido en las reuniones  con la escuadra de lectura en sus comunidades, trabajamos varios meses en esta tarea, en esas reuniones aplicaríamos los distintos tópicos que el plan tenía dentro de sus propósitos: la lectura del entorno, la lectura crítica de la prensa o la televisión, la recontextualización de nuestra historia, la lectura de literatura venezolana y latinoamericana, etcétera. Poco a poco fui conociendo a Romer, mientras trabajamos dictando los talleres él me decía que yo era un freiriano, es decir, un seguidor de Paulo Freire y él era un Rodrigueano, un seguidor de Simón Rodríguez, de hecho Romer Urdaneta es un profundo conocedor de la obra de Simón  Rodríguez, yo para ese entonces no lo había leído; conocía un poco más a Freire y por eso me atrevía hablar sobre él en los talleres.
Trabajando con Romer me fui involucrando en su hacer teatral con Mambrú Teatro, y fue casi sin darme cuenta. Hubo un libro que fue editado y reeditado por el Gobierno Nacional y fue entregado gratuitamente  a millones de personas en toda Venezuela, ese libro fue “Las más hermosas cartas de amor de Manuela y Simón”, en este hermoso libro aparecen los Diarios de Quito y Paita, diarios escritos por la prócer de la patria grande Latinoamericana Manuela Sáenz, y una selección de Cartas entre Manuela y el Libertador Simón Bolívar, a través de esas cartas comenzamos a hacer, y lo digo en plural pues participé activamente en esos montajes con Mambrú teatro y el Plan Revolucionario de Lectura, algo que llamó Romer: Voces de Amor y Lucha, montaje teatral, que como en todo los montajes que he visto desde que trabajo con Romer Urdaneta y Ana Torres, se involucran distintos géneros del arte.
Primeramente hicimos una selección de textos de las cartas entre Manuela y Simón, en esto participamos Sacha López, Romer Urdaneta y yo, habíamos leído las cartas, y en ellas estas dos figuras históricas hablan más que del amor que se sentían uno al otro, hablan de sus proyectos políticos, del amor que sentían por la lucha por una patria libre, de los enfrentamientos que tenían con los distintos enemigos que disputaban con Bolívar el poder, de las advertencias que le hacía Manuela a Simón de sus enemigos políticos que al fin y al cabo derrotaron a Bolívar y lo expulsaron de las patrias que libertó a sangre y fuego del imperio español. Armábamos la caja de doble fondo  donde permanecían los maniquíes de Bolívar y Manuela Sáenz ocultos, presentábamos la función y comenzábamos a leer en voz alta las cartas seleccionadas con un fondo musical y luego mientras leíamos, aparecían los maniquíes de Bolívar y de Manuela cada uno haciendo los gestos que en las cartas de Manuela a Simón y de Simón a Manuela producían mientras contaban sus vicisitudes a través de las palabras, luego los maniquíes bailaban y aparecía esa magia que el teatro produce en el espectador, pues entre carta y carta había un tiempo para que el maniquí de Bolívar o de Manuela expresara sus emociones con los gestos. Luego los maniquíes entraban otra vez a la caja de doble fondo y  pedíamos al público presente que participara y  leyera una carta del libro Las más hermosas Cartas de Amor entre Manuela y Simón, incluso poniendo a cada lector o lectora el traje de Bolívar o de Manuela para hacer también del espectador-lector, partícipe de todo el montaje que hacíamos.
Este era un trabajo que hacíamos como parte del plan revolucionario de lectura que me pareció ingenioso e importante para el trabajo de promoción que implicaba el Plan. En todos los montajes de Mambrú Teatro se ve eso, la fusión de disciplinas que se ven, lamentablemente, por separado. En este montaje de voces de amor y lucha se toma un tema histórico, se utiliza la lectura en voz alta, en este caso leyendo las cartas de Manuela y Simón, mezclando todo esto con la magia del teatro. Así comenzó mi incursión con Mambrú teatro, y fue así, sin darme cuenta, conversando con Romer, viendo nuestros puntos de vistas en común, su preocupación por la Historia, la fusión que hace en sus montajes donde conviven armónicamente Teatro, Circo, Historia, Literatura y Poesía, su concepción del teatro tan alejada del teatro tradicional.
Romer cree en un teatro en que el espectador se convierta en participe de sus obras, no cree en ese teatro de salas donde un actor repite mecánicamente lo que alguien escribe, si no en un teatro que se acerque al público, donde el actor exprese a través de sus movimientos o gestos las impresiones que les pueda generar un texto escrito, un poema, una carta. Romer cree como otros teóricos del teatro que el actor es el teatro, el trabajo del actor va más allá de ser un mero repetidor de textos, el actor es un creador en escena, esta afirmación que acabo de hacer la he visto reflejada a través de la experiencia que he vivido como colaborador, actor o lector en sus obras,  no hay mejor ejemplo para esta afirmación que el trabajo de Romer Urdaneta, pues es un  artista que a través de la improvisación en escena puede llegar a hacer cosas maravillosas. Laurencio Zambrano en un homenaje que se hizo recientemente por los cuarenta años de Mambrú teatro decía que Romer a través de la improvisación mejoraba  las obras en las que participaba. La improvisación, que es tomada en nuestro castellano como algo despectivo, para Romer era mejorar, como significa improvisar[i] en ingles.
Ya para mediados de 2011, las Nulidades Engreídas como diría Manuel Vicente Romero García, los Dientes Rotos, como diría Pedro Emilio Coll, o los Dotoles Nigüines, como los llamaba Rafael Guinand, se encargaron de dar por fracasado el Plan Revolucionario de Lectura, quizás por la determinante que le dan a lo cuantitativo a la hora de evaluar las políticas públicas, o algo que me parece sumamente grave, a no dar continuidad a las políticas culturales por  los cambios de las autoridades dentro del ministerio de la Cultura, como  sucedió para ese tiempo. Fuimos a ocupar distintos roles en el trabajo pero esto no impidió que siguiéramos trabajando en Mambrú Teatro. Hay algo que siempre le digo a Romer, cuando participo en algunas de sus obras, y es que soy actor y espectador de ellas, eso siempre me pasa cuando presentamos algo que Romer llama “El Andante”. En esta obra un profesor del pasado va a dictar una clase de historia de Venezuela se encuentra con el profesor Nigüin, un profesor de la actualidad que va poniendo en contexto al Profesor Chepito, que es un profesor de la vieja escuela que va dictando una clase de historia, contada con las imprecisiones y tergiversaciones con las que nos han contado nuestra historia. A través de las discusiones entre los profesores, los espectadores del público van participando dentro de la obra como protagonistas, pues cada época histórica tiene unos participantes, quienes se disfrazan y se suman a la obra. Desde la conversación se estudia la conquista de América, y la lucha por la independencia de nuestros países del Imperio español, siempre dando importancia a figuras históricas como Bolívar, Miranda, Manuela Sáenz, etcétera.
En funciones hemos llegado hasta el siglo XX, dándole  homenaje a figuras nuestroamericanas como el Che Guevara. Mientras estamos en este juego salen las telas con los tres colores de nuestra bandera, y hacemos que unos espectadores-niños tomen los tres colores de la bandera, otros niños toman las estrellas y se forma todo un collage vivo que es sumar al público en el escenario convirtiéndolos en la bandera nacional, y con la llegada de Bolívar en zancos para se da fin a la obra de teatro. Mientras sucede la discusión entre los profesores, se utilizan textos históricos, poéticos y literarios que enriquecen toda la propuesta histórica teatral que propone Mambrú Teatro. Toda esta descripción que hago de la obra siempre es modificable con cada público que tenemos, con los problemas cotidianos que les suceden a todos en este quehacer teatral. Toda persona que alguna vez haya hecho teatro comprenderá muy bien esto, pues el hacer teatral es una constante modificación, o al menos eso es lo que pienso en mi corta experiencia, todo público siempre es distinto, algunos responden muy bien otros no tan bien, pero todo esto es parte del teatro.
Una de las magias de la experiencia teatral es un trabajo colectivo que se lleva a su fin entre todos, y  eso es una de las enseñanzas que me ha dejado el tiempo que he sido parte de Mambrú Teatro, de hacer un trabajo artístico en colectivo, cada quien aportando lo que tiene para hacer en conjunto todo un trabajo que signifique,  y pienso que las obras de las que soy parte, o en las que colaboro, de alguna u otra forma tienen una importancia, un valor, algo que significa para la gente, pues el teatro para ser teatro debe decir algo al que lo observa, el teatro, como en el escritor que escribe un cuento o una novela, debe tener algo que decir, en el caso de Mambrú Teatro ha dicho y aún dice mucho. Existe una serie de obras a las que Romer llama “Maestra Patria”, en las que se hace un homenaje a las figuras históricas más importantes para nuestros países como Francisco de Miranda, Rafael Urdaneta, Manuela Sáenz, etcétera. Una de las obras de Maestra Patria en las que yo participo es sobre uno de los utópicos de los que ya hemos mencionado en este texto, el Maestro Simón Rodríguez.
Romer siempre me utiliza en las obras en las que participo con él, fundamentalmente como lector, pues una de las cosas que más practico es la lectura en voz alta, Romer, siempre investigador exhaustivo de la historia, ha armado un guión donde habla acerca de esta interesante figura histórica tan desconocida de nuestra historia, pues lamentablemente como lo decía en otro texto que escribí, de Simón Rodríguez solo sabemos que fue el Maestro de Simón Bolívar y  más bien después de leer parte de su obra escrita creo que deberíamos decir que Bolívar fue alumno de ese Gran Maestro que fue Simón Rodríguez. Su legado escrito con respecto a la enseñanza, nos ha sido ocultado a través del tiempo, pues mucho de lo que criticaba en la educación de ese tiempo aún persiste en nuestra educación, educación que fue hecha a espaldas de las ideas de este gran pensador latinoamericano. Romer con sus obras rescata a esas figuras importantes de nuestra historia, historia que lamentablemente nuestro pueblo venezolano no conoce, no conocemos la importancia de una figura de nuestra historia como Rodríguez. En la obra de Maestra Patria, a través de fragmentos de lo escrito por el Maestro Simón Rodríguez, Romer monta una pequeña obra de teatro interesantísima, que toca algunos datos biográficos de ese pensador con muchas de las preocupaciones que tuvo, como fue la formación de ciudadanos en estas nuevas repúblicas. Obra que he realizado con él varias veces, sobre todo en lugares que no son los lugares comunes, los que alguien podría pensar comúnmente que es donde se debe presentar una obra de teatro, es decir en un anfiteatro, Teatro o una sala de espectáculos, etcétera. Una de las primeras veces en las que participé en esta obra lo hice en el edificio de la Zona Educativa de Maracaibo, en cada una de las oficinas de ese edificio, personificado como  Simón Rodríguez, leyendo el guión que me había dado Romer y haciendo también las veces de estatua, mientras jugábamos con esos empleados oficinescos que están absortos en el tedio, algunos cumpliendo horarios, otros en el trabajo consuetudinario de todos los días, jugando con ellos a través de la improvisación de Romer y también la improvisación mía tratando de que salga bien la obra, aunque muchas veces no me salga bien a mí.
La verdad me he divertido mucho con el trabajo que he hecho con Mambrú teatro, pues he hecho cosas que jamás en mi vida había pensado que haría, como hacer teatro, como personificar una figura histórica, o ponerme una de esas máscaras y ser un poeta que camina en pleno carnaval en Santa Lucía. He participado con Mambrú Teatro pues creo en el trabajo que se hace, creo que es importante realzar nuestra historia que es tan olvidada y vilipendiada por nuestro pueblo, creo en el trabajo creador que hace Romer Urdaneta en las maravillas que se inventa, creo en el trabajo colectivo que hacemos en Mambrú Teatro,  Ana Torres que es toda una madre, que está pendiente de todo el vestuario, de los zancos, de los instrumentos que se utilizan, por la pasión con la que actúa en cada papel que desempeña, creo en Rudy Urdaneta, quien hace los vestuarios de Mambrú, y las galleticas que nos ofrece mientras participamos en los montajes que se realizan, creo en  su humor corrosivo. Creo en Jesús Sulbarán, alias el Hechú, quien me hace reír con sus chistes de payaso, a quien admiro en sus actuaciones como la de Hestor Nudo, o que me impresiona en las cosas que hace desde su monociclo, creo en Juyá Urdaneta, en sus zancos y vestido de Bolívar haciendo los cierres del Andante, creo en los Hermanos Riflitos y el circo que practican, y su suma a las actividades de Mambrú Teatro, y a tantos otros que no nombro, pues Mambrú Teatro ha sido en estos cuarenta años  una escuela,  Romer Urdaneta es nuestro líder ,sin duda alguna, pero Mambrú es toda una suma de personas que logran un fin que es más que entretener, es enseñar, crear nuevas realidades, luchar por las utopías posibles.
Una vez le pregunté a Romer el porqué del nombre, por qué Mambrú, y el me dijo, que la había puesto así por el valor de Mambrú de ir a la guerra, como diría aquella canción tradicional. Pienso que Mambrú ha permanecido cuarenta años  y espero que muchos más, en la guerra, guerra en la que participa Mambrú por la Utopías posibles, por el cambio de nuestras sociedades a pesar de los contrincantes cotidianos, pues siempre se debe luchar, por lo que queremos y creemos. A pesar de que sea un pesimista, creo que sólo es posible vivir si luchamos por la Utopía, como lucha diariamente mi amigo Mambrú.     




[i] Improvement (To improve): A thing that makes something better or is better than something else. (Una cosa que hace algo mayor o es mayor que algo más.)




Darío Tello Medina